jueves, 18 de julio de 2013

Cambiando la Energía

La mentalidad positiva es decisiva en el deporte. Un deportista / equipo con menos talento, pero con espíritu positivo a la larga siempre termina imponiéndose a otro con aparentemente mayor potencial, porque esas ganas o espíritu positivo lo hacen trabajar mas, potenciarse y, sobre todo, dar lo mejor de si en los momentos claves.
Esa mentalidad o espíritu positivo no es gratis ni viene sola, aunque hay jugadores o grupos que parecen traerlo de fábrica. En lo individual suele ser menos complicado, porque el deportista se regenera o retroalimenta solo, pero en la vida de los grupos, tanto el espíritu positivo como el derrotista, pueden convertirse en virus contagiosos que terminan infectando a todo el equipo.
El virus derrotista potencia el margen de duda, sobre todo en los momentos de presión, de allí la importancia de trabajar sobre la estructura interna del grupo para que éste aprenda a reaccionar en esas instancias.
Las derrotas o rachas negativas potencian el efecto devastador del virus, que conforme se van dando las caídas va erosionando los niveles de autoestima y confianza individuales y grupales. Por eso es que resulta tan difícil a veces cortar una racha de este tipo. Pero se puede…
En alguno de los capítulos de mi libro “El Psicólogo del Club”, apunto la mirada a los métodos más comunes para salir de estos trances: 1) esperar que el tiempo cure las heridas, o 2) intervenir sobre el eje del conflicto. Y obviamente, prefiero este último, porque la cultura resultadista hace que los tiempos en el mundo deportivo sean cada vez más cortos, lo que potencia la necesidad de poner manos a la obra.
Los protagonistas suelen tener clara la génesis del problema. Luciano De Cecco, armador de la selección argentina de voley, dijo recientemente tras perder con Bulgaria en la Liga Mundial: "Tuvimos para ganarlo y como siempre se nos escapa a lo último, nos pasó en toda la WL y no lo pudimos corregir… Hicimos un gran partido y creo que hemos mejorado… Estuvimos ahí y no lo pudimos ganar. Para eso falta personalidad, más allá de la técnica y lo táctico. Somos un equipo joven y hay que aprender de estas cosas". La deuda, para Luciano, apunta a la “personalidad”, y la bronca se acrecienta porque fue la novena derrota consecutiva del equipo nacional, ante la que el Entrenador Javier Weber expresó: "Se nos escapó. Creo que tuvimos chances para ganar. No supimos jugar en todo momento como hay que hacerlo ante equipos buenos. Estoy cansado de estar siempre cerca y no poder, me molesta, me da fastidio. Falta consistencia mental de juego en conjunto".
Para el DT el problema tampoco está en lo técnico – táctico, sino en la consistencia mental del equipo. Y la pregunta que seguro se estará haciendo más de uno es: ¿Tiene consistencia mental el equipo? Si, claro, y no está dada solamente por la sumatoria de las consistencias mentales de cada uno de sus integrantes. Es decir, no es 1 + 1 + 1… Sino que hay un factor vital que une a esas individualidades, y es la Química que une a ese grupo, el aderezo que sazona los ingredientes de la ensalada, eso que lleva a la escuela de la Gestalt a decir que “El Todo es más que la suma de las Partes”.
Química es un concepto muy amplio, que va mas allá de la onda que hay entre sus integrantes, pero que tiene mucho que ver con ello. En un equipo puede haber talento, trabajo y el grupo puede llevarse muy bien, pero a veces el nivel de relación humano y el deportivo no van de la mano, porque ese “llevarse bien” fuera no alcanza para que las cosas se den como uno quiere o necesita dentro de la cancha. Y ahí es donde hay que apuntar la mira para producir el cambio, para lograr que el grupo reconozca qué es lo que le está pasando y cómo debe encarar el proceso que lo lleve a producir un cambio en la intensidad o en el flujo de su energía interna, para que en los momentos cruciales no haya dudas ni vacilaciones.

lunes, 8 de julio de 2013

Cenicientas del Deporte

En todos los Torneos hay una Cenicienta. Un equipo con bajo presupuesto o con jugadores de menor renombre, que no llegan en un gran momento o, sencillamente, con un plantel menos numeroso.
En esas circunstancias, muchas Cenicientas suelen pasarse todo el torneo lamentando haber perdido un zapatito, no haber tenido plata para comprarlo o tener menos zapatos que sus poderosos rivales.
Pero también hay Cenicientas que, una vez cerrada la posibilidad de tener mas, miran su guardarropas y empiezan a hacer lo posible por tomarle cariño, cuidar y embellecer a sus zapatitos, creyendo que "no serán como los de otros, pero son míos y por eso los quiero". Y eso, es lo que convierte en peligrosa a Cenicienta ante los poderosos, porque su felicidad y convicción hacen mas luminosa a su sonrisa, y eso lleva a que nadie se detenga a mirarle si tiene mas o menos zapatitos que sus rivales.
No siempre hace falta un gran guardarropas para conquistar al Príncipe, sino hacer brillar tus atributos para disimular tus carencias.
Llevado a los equipos deportivos y sus historias, el cuento hablaría de grandes epopeyas de equipos no tan ricos o poderosos que llegaron a grandes cosas apostando a fortalecer sus estructuras desde lo interno. Crecer a partir de lo mío sin detenerme a envidiarle nada a nadie, porque "lo mío" es lo que puedo manejar y aquello que puedo hacer crecer.
Hay Cenicientas en todos los Torneos, y en el Final Four del Básquet Femenino este fin de semana Cenicienta estuvo a un segundo de quedarse con el Príncipe.
Dijo en seleccionador nacional Cristian Santander tras felicitar al justo campeón Unión Florida: "También fue muy buen torneo de Berazategui. Lo mas relevante es que recuperó jugadoras (Cabañez-Castillo-Vásquez) y las puso de igual a igual con todos".

Apostar por lo humano hace mas poderosos a los supuestamente débiles, y el Berazategui de Juan Ferreira es, sin dudas, un caso mas en la larga lista de Cenicientas que optaron por potenciar sus fortalezas confiando que ello podía hacer realidad sus sueños de grandeza.
¿Qué es "apostar a lo humano"? Mirar, o aprender a mirar las personas que están debajo de los uniformes deportivos, porque conocer a la persona es la llave que nos posibilitará hacer crecer al jugador. O, sencillamente, trabajar sobre tu impronta de líder para poder afrontar el compromiso en las mejores condiciones desde lo mental o espiritual.

No trabajar la parte psicológica de un equipo (o de un entrenador), o trabajarla mal, es dar mucha ventaja en el deporte moderno.

lunes, 1 de julio de 2013

Liderazgo y Calidad Humana

Siempre es fácil caer sobre la figura del Entrenador, una función de máxima exposición en el mundo deportivo que, como tal, pone a aquel que la asume en el foco de muchísimas miradas.
El DT, sabemos, es el Líder Numero uno en todo Equipo. Por eso, es el máximo responsable de que el barco llegue a buen puerto, precisamente, porque es el encargado de manejar el timón. De allí a que sea tan importante aprender a reconducir las quejas y lamentos en la dirección correcta.
Mucho se habla de los Jugadores y el Compromiso que estos asumen con sus equipos, y lo cierto es que cuando un jugador no esta Comprometido con el Proyecto, generalmente es porque algo fallo en el momento en que el Entrenador, como Líder de Grupo, debía Comprometerlo.
La falla puede ser sobre algo importante y crucial (valores, filosofía) o por acumulación de cosas no tan decisivas a priori (pautas, métodos), pero en ambos casos, solemos encontrar un eje común en ambos, y son los temidos y muchas veces ignorados "Problemas de Comunicación". Si no podes transmitir correctamente Tu Mensaje, seguramente éste no va a ser comprendido y el peligroso efecto inmediato que viene detrás de eso es que en el Equipo se hablen diferentes lenguas y dialectos, empastando algo tan vital y necesario como el Mensaje que estás queriendo transmitir.

De allí que, en algunos momentos de tu derrotero como Líder o Entrenador sea útil hacerte preguntas como éstas:
¿Tenés claro cómo te estas comunicando? ¿Sabes fehacientemente cómo esta llegando tu mensaje a tus jugadores?

Muchas veces, las actitudes de un mal Líder se confunden demasiado con las de una mala persona. Por eso es tan importante aprender a Liderar.

El nivel de exposición es demasiado alto y las pasiones que juegan en el medio son tantas que todo se puede confundir.
Los códigos comunicacionales cambiaron, y muchos de los viejos postulados y códigos del deporte ya no son, en estos tiempos, lo mismo que eran años atrás, y modernizar tu formación y conocimientos es clave para poder llegarle a tus dirigidos, ya que de ello pueden depender tus posibilidades de éxito.
Opciones hay muchas, yo te ofrezco las que tengo a mi alcance:

COACHING PERSONALIZADO PARA ENTRENADORES. Porque la mirada externa y aprender a pensar sobre tu manera de proceder puede enriquecer mucho tu performance como Líder.

http://elpsicologodelclub.blogspot.com.ar/2012/05/coaching-psicologico-personalizado-para.HTML

CLINICAS y TALLERES DE PSICOLOGIA DEPORTIVA PARA ENTRENADORES. Para abrir la cabeza hacia nuevos espacios de formación en temas tan importantes como el Manejo de Personas.
http://elpsicologodelclub.blogspot.com.ar/2012/09/clinica-de-psicologia-deportiva-para.html

viernes, 21 de junio de 2013

Apostar a la Formación

Tiempo atrás, en este mismo espacio, intentaba buscar respuestas para la pregunta: “¿Se puede fabricar un crack?” Y, humildemente, me respondía: “Si, claro que si. Solo hay que formar, técnica, táctica, física y humanamente al deportista, transmitiéndole valores para enriquecerlo en todos sus aspectos”. (La Fábrica de Cracks, http://elpsicologodelclub.blogspot.com.ar/2010/09/la-fabrica-de-cracks.html).
A la hora de buscar justificativos o razones, apuntaba a que los mayores enemigos en esto de formar cracks son la falta de infraestructura y tiempo (cada vez se entrena menos por este motivo), a lo que hay que sumarle la desesperante búsqueda de resultados en la que caen muchos entrenadores (que los lleva a anteponer la táctica sobre los fundamentos técnicos, aún en las categorías mas chicas).
Pero vamos más allá… Con la final de la NBA aún fresca en las retinas… ¿Cuál es el mayor talento de Emanuel Ginóbili? Basta profundizar un poco en su historia o verlo jugar para caer en la cuenta que no es el tiro de tres puntos ni ningún atributo técnico, sino su mentalidad. Su cabeza es la que lo ha llevado a soñar que podía ser grande aún cuando su físico parecía no querer estirarse en los primeros años de vida. Su cabeza es la que lo ayudó a sobreponerse a las desilusiones tempranas en su camino deportivo. Su cabeza es la que alimentó su hambre de gloria, su paciencia para esperar su momento en diferentes estadíos de su carrera, y su visión y humildad para preparar y planificar partidos, temporadas y momentos de crecimiento personal y deportivo.
La respuesta fácil es “bueno, ese es su don, y no todos venimos de fábrica con eso”. Y si bien es cierto, la condición humana siempre nos ofrece la chance de crecer, de potenciarnos, de superarnos, y así como Manu lo hizo luchando contra diferentes adversidades a lo largo de su vida, TODOS podemos superarnos para explotar el máximo de nuestro potencial. Solo es cuestión de proponérselo.
El mayor problema en este camino es que esa falta de tiempo e infraestructura parece meter a miles de chicos en un callejón sin salida. No hay tiempo para amigarse con la pelota o los elementos, no lo hay para aprender de táctica sin la premura de un resultado, y mucho menos lo hay para trabajar sobre la parte humana y social de los jóvenes deportistas. Es poco, muy poco (por no decir nulo) el tiempo y energía que se le dedica en muchos clubes a trabajar sobre la parte humana, social y relacional de nuestros chicos. Los procesos de formación se han convertido en un constante pase de pelota hacia el costado: padres que esperan que en el colegio o el club le pongan a sus hijos los límites que no tienen en la casa; y educadores y profesores que no se preocupan por formar o educar a chicos maleducados porque eso es responsabilidad de los padres. Caemos, como siempre en el conocido ¿qué está primero el huevo o la gallina? Si queremos formar, no podemos dejar de lado lo humano. Y la pregunta es: ¿en cuántas canteras realmente se trabaja o hay preocupación real por la persona que está debajo del uniforme del club?
El gran tema aquí es que se desconoce mucho cuales son los temas a abordar. Las iniciativas al respecto son muy pocas. En el básquet, Luis Scola tomó el modelo NBA para armar el Programa TAP (Transición al Profesionalismo) en el cual se instruye a jóvenes en vías de tomar el camino profesional en diferentes temas relacionados con tan trascendental paso (desde medicina o psicología, relación con entrenadores, dirigentes, agentes o la prensa hasta manejos impositivos o económicos). En otros deportes, esta formación es escasa o brilla por su ausencia. Pero… ¿Qué pasa con los más chicos? En los tiempos en los que Internet y la televisión se han convertido en co-educadores, los formadores de deportistas muchas veces siguen manejándose con manuales de hace 40 años, abriendo la brecha comunicacional (“si no preguntas cuando te pongo no preguntes cuando te saco”), despersonalizando el mensaje hablándole a todos igual o utilizando códigos comunicacionales antiguos en la época de la exposición, las redes sociales y la comunicación cibernética.
Es que, así como algún día en los colegios se dieron cuenta que había que hablar de orientación sexual, en el deporte es vital que se empiece a trabajar en temas individuales de vital importancia como los hábitos y los cuidados personales, dando nociones básicas (y no tanto) de nutrición, preparación física (los por qué de tal o cual rutina o ejercicio por ejemplo), técnicas de vendaje, etc., etc. Y ni hablar de detalles relacionados con la preparación mental, el autoconocimiento, motivación, concentración y enfoque y demás. Pero… ¿Hay tiempo? Y si hay tiempo, ¿hay gente idónea trabajando con nuestros futuros cracks? Seguramente, en algunos clubes o estructuras si, pero no son los mas seguramente.
Apostar a lo humano en lo individual, abre la puerta para introducir a los jóvenes en otros valores  como la solidaridad, el liderazgo o el trabajo en equipo. Increíblemente, nos la pasamos quejándonos de los equipos sin compromiso (en todos los niveles) y el compromiso es algo que también se puede inculcar, al igual que frases tan utilizadas como el sentido de pertenencia.
Si el mayor talento de los Ginóbili o los Scola, por citar solo dos ejemplos, es su cabeza, ¿por qué no apostar por darle valores, ideas y contenidos a nuestros futuros cracks desde chiquitos?

lunes, 17 de junio de 2013

El Botón de "Reset"

Los Grandes Deportistas siempre dejan enseñanzas a aquellos que quieren aprender y crecer. Hoy, con el diario del lunes hablando de la victoria de San Antonio y la gran actuación de Emanuel Ginóbili en sus páginas es hasta fácil decir que los grandes como Manu son capaces de cualquier cosa, incluso de reponerse de un par de juegos no tan buenos (como los primeros de la gran final con Miami). “Manu es enorme, y los fenómenos como él todo lo pueden”, dice sin vacilaciones cualquier aficionado luego de los 24 puntos y 10 asistencias logradas por el bahiense. Y razón no le falta, claro, porque “Manu es enorme” (¿quién se anima a dudar de su calidad y logros?) y porque, evidentemente, “los fenómenos como él parece que todo lo pueden” (sino, no sería un fenómeno ni hubiera logrado todo lo que logró en su carrera deportiva).
Pero hablaba en el arranque de las “enseñanzas”, ya que si nos quedamos en la condición de fenómeno de nuestro protagonista seguramente vamos a caer en el error común de pensar que lo que hizo Ginóbili es imposible para el resto de los mortales, y la verdad que no es así.
¡Alto! Concédanme unas líneas más antes de tirarme con algo. Intentaré explicar que, de todo lo que hizo Manu en el épico quinto juego contra Miami, podemos hacer todos los mortales. Y créanme que lo más importante, la esencia o lo que llevó a Ginóbili a romperla toda, está a alcance de los comunes como nosotros.
No hablo de puntos, asistencias, rebotes ni nada por el estilo, sino puntualmente de la capacidad de reciclarse de un partido para otro. Porque lo que lo llevó a jugar como lo hizo no está en su mágica zurda, en sus penetraciones ni en el latigazo con que suele habilitar a sus compañeros. No señor… Lo más importante es la capacidad que tuvo Manu para apretar el botón de “reset” en su máquina, para reencontrarse con su mejor versión. Pero claro, para apretar el botón de “reset” hay que sortear una serie de pasos: 1) darse cuenta que estas tildado o trabado; 2) reconocer que necesitas resetearte; 3) decidirte a apretar el botón; 4) hacerlo. Y aquí algo aún más importante: para apretarlo, hay que saber dónde está ese botón… Hay que conocerse, para saber de qué manera puedo reencontrarme con mi esencia, con mi mejor versión. Y eso, que parece patrimonio de los grandes como Ginóbili, en realidad, está al alcance de todos.
El deporte de alta competencia, por su marco de presiones constantes, muchas veces suele sacarnos de nuestro Eje. Es capaz de desestabilizar al más pintado, sencillamente porque somos humanos y todos podemos tener debilidades o algún mal momento. Muchos deportistas de alta competencia siguen dependiendo del clima que viene de afuera a la hora de encarar su motivación o proceso de enfoque para un compromiso, cuando en realidad, los libros marcan que lo ideal sería aprender a reconocer “cuál es tu mejor estado” para, a partir de allí, elaborar mecanismos que te permitan “conectarte con él cuando lo necesites”.
Ginóbili, en teoría, no llegaba al 5to juego con Miami en las mejores condiciones. El mismo reconoció a los periodistas que no estaba mentalmente tan fuerte como en otras ocasiones. No estaba jugando bien y la prensa estadounidense parecía caerle encima mientras la argentina hacía fuerza soñando que el ídolo renaciera de las cenizas. Y así fue… Después, con el diario del lunes, hubo quienes atribuyeron la resurrección a la decisión del entrenador Popovich de ponerlo entre los titulares por primera vez; a la ovación que recibió del público de San Antonio; a que metió su primer lanzamiento; y podemos seguir buscando razones, válidas y por ende dignas de ser tenidas en cuenta, pero sin lugar a dudas la más importante es que Emanuel se encontró con Manu, y en ese reencuentro no tuvo lugar en la cancha, sino en lo profundo de la persona.
Lo necesitaba mucho – confesó Manu a Básquet Plus luego de su épica actuación, a propósito del gran regalo que se hizo así mismo en el Día del Padre -, pasé un buen tiempo llenándolos de besos a mis hijos para valorar aún más el hecho de estar acá. A veces uno vive en una vorágine estando acá en la NBA y en un despelote mental por así decirlo, entre presión, entre lo que tenés que hacer, en cómo defender a tal, cuando tenés a Wade, cuando tenés a Allen, lo tenés que hacer en ataque… y perdés un poquito de vista que estás jugando una final de la NBA y que por ahí hay que valorarlo un poco más. Dar un paso al costado, un ratito aunque sea, y decir “estoy en el lugar donde todo jugador de básquet del mundo quiere estar”. Entonces, con mis hijos y pensándolo y demás, es como que lo valoras más y que lo haces de mejor onda, no solo sufriendo y estando preocupado. Así que creo que eso ayuda también”.
Regreso a las Fuentes. Tomar distancia para enfocar las cosas como se merecen, para poder encararlas con más y mejor onda, sin tanto sufrimiento. La clave, entonces, no está tanto en si entró o no el primer tiro o en todas las pequeñas grandes cosas que pasaron y obviamente sumaron lo suyo para que podamos disfrutar del mejor Ginóbili, sino en que Emanuel, en la intimidad de su hogar, se reencontró con Manu.
Saber apretar a tiempo el botón de “reset” puede ser clave, porque hacerlo oxigena y nos permite mirar las cosas con mayor claridad.
¿Qué es lo que te impide hacerlo? ¿Sabés dónde está tu botón de “reset”? ¿Cuál es tu mejor estado para la práctica deportiva? Cuantas preguntas, ¿no? Lo mejor del caso, es que aunque parezca lo contrario, no es tan difícil encontrarles respuesta.

miércoles, 12 de junio de 2013

Piloteando el Equipo

¿Se puede llevar un Equipo adelante sin capacidad de interrelacionarse bien con sus integrantes? Y… Los tiempos de liderazgos teñidos de autoritarismo van quedando atrás en el tiempo. Pero aunque parezca mentira, todavía nos encontramos con algunos viejos modelos.
Cuenta Daniel Goleman en su best seller “Inteligencia Emocional”, el caso de un jefe autoritario y dominante que tenía atemorizados a todos sus subordinados, hecho que tal vez no hubiera tenido mayor trascendencia si su trabajo se hubiera desempeñado en una oficina o en una fábrica. Pero el caso es que este buen señor era piloto de avión. Un día de 1978, su avión se estaba aproximando al aeropuerto de Portland, cuando de pronto se dio cuenta de que tenía problemas con el tren de aterrizaje. Ante aquella situación, el piloto comenzó a dar vueltas en torno a la pista de aterrizaje, perdiendo un tiempo precioso mientras trataba de solucionar el problema. Tanto se obsesionó que consumió todo el combustible del depósito mientras los copilotos, temerosos de su ira, permanecieron en silencio hasta el último momento. El avión terminó estrellándose y en el accidente murieron diez personas. Hoy en día, la historia de este accidente constituye uno de los ejemplos que se estudia en los programas de entrenamiento de los pilotos de aviación, en los que se hace hincapié en que la causa del 80% de los accidentes de aviación radica en errores del piloto, errores que, en muchos de los casos, podrían haberse evitado si la tripulación hubiera Trabajado en Equipo. Por eso, en la actualidad, el entrenamiento de los pilotos de aviación no sólo gira en torno a la competencia técnica sino que también presta atención a los rudimentos mismos de la inteligencia social (la importancia del trabajo en equipo, la apertura de vías de comunicación, la colaboración, la escucha y el diálogo interno con uno mismo).
Bien, hasta aquí Goleman y su ejemplo del piloto autoritario. Bajemos unos cuantos escalones y miremos para adentro de los Equipos Deportivos. ¿Cuántas veces un Equipo se cae o no alcanza el rendimiento que su potencial invita a suponer, por la falta de capacidad de su Líder (Entrenador) para fomentar el Juego en Equipo y el Compromiso real y sincero de sus integrantes con las metas u objetivos comunes?
Armar un Equipo tiene su Ciencia. La vida organizacional ha crecido mucho en todo lo
que tiene que ver con el cuidado de los Recursos Humanos, se habla y trabaja mucho sobre la Selección de Personal y se trabaja sobre la integración grupal y el fortalecimiento de sus Líderes (Jefes, Gerentes) a través de cursos y seminarios de management, liderazgo, trabajo en equipo y demás.
¿Por qué entonces los Equipos Deportivos se siguen armando, muchas veces, a los tumbos, sin una metodología clara que apunte al factor humano? ¿Qué es lo que lleva a Entrenadores y Dirigentes a dejar de lado que, debajo de la camiseta, hay una persona?
Muchos Dirigentes llegan a sus clubes avalados por un curriculum importante en su vida profesional, pero luego, a la hora de elegir o fichar un entrenador, un jugador o de armar la estructura que sostendrá a su equipo en la temporada, se manejan con la pasión como guía, llegando a hacer en el club todas las macanas que no hacen en sus empresas, en las que ponen todo su profesionalismo y frialdad al servicio del resultado.
¿Por qué no invertir en el “Equipo que está detrás del Equipo”?
El liderazgo no tiene que ver con el control de los demás sino con el arte de persuadirlos para colaborar en la construcción de un objetivo común.
¿Cuántos dirigentes o entrenadores se preparan a conciencia para liderar sus equipos?

domingo, 19 de mayo de 2013

Ganadores y Perdedores

Ser o sentirse Ganador o Perdedor es una actitud. Todos podemos serlo en cualquier orden de la vida, y muchas veces lo que nos separa de ello es solamente proponérnoslo. Pero una vez que uno toma la opción y se lo propone, hay que poner la cabeza fría para elegir camino y método para convertirnos en eso que deseamos.
¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre ser o sentirse Ganador o Perdedor?
 
GANADOR VS PERDEDOR

Cuando un ganador comete un error, dice: "Me equivoqué" y aprende la lección. Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fué mi culpa" y se la echa a otros.

Un ganador sabe que la adversidad es el mejor de los maestros.
Un perdedor se siente víctima ante la adversidad.

Un ganador sabe que el resultado de las cosas depende de él.
Un perdedor cree que la mala suerte sí existe.

Un ganador trabaja muy fuerte y genera mas tiempo para sí mismo.
Un perdedor esta siempre "muy ocupado" y no tiene tiempo ni para los suyos.

Un ganador enfrenta los retos uno a uno.
Un perdedor les da vueltas y no se atreve a intentarlo.

Un ganador se compromete, da su palabra y la cumple.
Un perdedor hace promesas, no asegura nada y cuando falla solo se justifica.

Un ganador dice: "Soy bueno, pero voy a ser mejor". Un perdedor dice: "No soy tan malo como lo es mucha otra gente".

Un ganador escucha, comprende y responde.
Un perdedor solo piensa en lo que va a decir.

Un ganador respeta a aquellos que saben más que él y trata de aprender algo de ellos.
Un perdedor resiste a aquellos que saben mas que él y solo se fija en sus defectos.

Un ganador se siente responsable por algo mas que solamente su trabajo.
Un perdedor no se compromete y siempre dice, "Solo hago mi trabajo"

Un ganador dice, "Debe haber una mejor forma de hacerlo..."
Un perdedor dice, "Esta es la manera como siempre lo hemos hecho".

Un ganador es parte de la solución.
Un perdedor es parte del problema.

Un ganador se fija en "como se ve la pared en su totalidad".
Un perdedor se fija "en el ladrillo que le toca colocar".
 
El texto no es mio, pero me gustó y reseña principios básicos para eso de sentirse de una u otra forma. Elegi vos y trabajá mucho. Asi es como los grandes se convirtieron en Ganadores.