lunes, 14 de diciembre de 2015

La Lectura Correcta

En la cancha siempre "está pasando algo", pero si tu lectura de juego se empaña de emociones, la efectividad en la toma de decisiones peligra.
Dicho así hasta suena fácil, pero lo cierto es que no lo es tanto, ya que las emociones, en algo tan visceral como el deporte, siempre suelen estar a flor de piel listas para complicarnos la existencia.
La famosa “lectura de juego” se empaña de emociones cuando las cosas salen mal, porque las urgencias empiezan a jugarnos en contra subiendo los niveles de ansiedad o atentando contra nuestra autoestima dentro de la cancha. Pero también se empaña y confunde cuando las cosas salen bien, ya que tener los niveles de ego por las nubes suele ponernos al borde de esa sensación de “todo lo puedo” que se torna peligrosa cuando indirectamente contribuye a que nos olvidemos de los compañeros de ruta o de los riesgos que entraña el rival que tenemos delante. Creérsela es  bueno, claro, pero como todo, siempre de los límites aconsejables o manejables.
El tema es que, tratándose de personas, no hay una vara confiable para medir este tipo de cosas. Las emociones son algo muy personal, ya que todos las vivimos de manera diferente. Por eso, la clave, si es que hay una, es la autoexploración, mirar para adentro, conocerte, para aprender cómo hacer jugar a las emociones a tu favor, y no en tu contra durante un momento tan crucial como la competencia, y por qué no, el entrenamiento.
Un deportista / entrenador enojado suele tomar decisiones por despecho o caer en el capricho. Un deportista / entrenador asustado o presionado suele buscar su manotazo de ahogado en recetas preconcebidas buscando soluciones mágicas. Y, sabemos, que en la gran mayoría de los casos, ese tipo de decisiones basadas en una respuesta puramente emocional, no te llevan a buen puerto, o al menos no tienen una base sólida que pueda ser avalada por las estadísticas en cuanto a su efectividad.
El Equilibrio Emocional es clave para lograr una correcta Lectura de Juego, en la cancha, en el manejo del grupo… en la vida misma. Y ese tan mentado Equilibrio Emocional no se hereda, no viene por arte de magia ni depende exclusivamente de situaciones externas. Es propio, viene de adentro, y se puede manejar, construir y cuidar.

¿Por qué seguir dando ventaja cuando se puede buscar herramientas para rendir mejor?

lunes, 19 de octubre de 2015

El Plan B


En los tiempos que corren, en los cuales tanto el deporte profesional como el formativo se han vuelto una olla de urgencias y presiones, son cada vez más los chicos y chicas que se meten tanto en su actividad, al punto de perder peligrosamente vínculo con lo que está fuera de su microclima deportivo.
El mandato con olor a amenaza dice que “la carrera es corta”, y subidos a ese tren, los jóvenes deportistas suelen meterse en una especie de cuarto cerrado en el que solo vale o importa todo aquello que tiene que ver con lo que supuestamente les dará más “chances de llegar”. Entonces, de chicos (cada vez más chicos) empiezan a llevar vida de profesionales, en la que el colegio, incluso, empieza a jugar un papel secundario, en muchos casos avalado por los propios padres.
Algún entrenador, queriendo o sin quererlo, le metió una fichita a los padres: “el nene/a tiene condiciones”, a lo que seguramente vino luego que “si trabaja duro puede llegar”, y Papá y Mamá, por el motivo que sea (necesidades económicas, el deseo que su hijo tenga un futuro promisorio o solo un presente alejado de los flagelos sociales), compraron, contribuyendo al encierro al que hacía mención en el párrafo anterior. El novel deportista, entonces, empieza a tener vía libre para poner el deporte por delante de cualquier cosa. Algunos padres exigen terminar la secundaria, pero esa exigencia suele diluirse o ser solamente eso, algo que hay que hacer sin convicción, solo por cumplir. El chico/a cumple, y en muchos casos la termina, pero no hay en su cabecita más planes que jugar, ser profesional… Las apetencias intelectuales se reducen, su vida va del club o el entrenamiento a las redes sociales, y el mundo interno y externo empiezan a reducirse peligrosamente.
En muchos casos, esta conducta llega a ser bien vista: “es sano, responsable, se cuida mucho”, pero desde lo emocional / intelectual tal vez no lo es tanto, porque ese encierro provoca que no haya más planes que triunfar, y las urgencias llevan a que esa necesidad de triunfar sea hoy, cada fin de semana, en cada entrenamiento, y entonces las presiones se acrecientan, y cada mal partido o incluso una mala práctica, suele devolvernos una persona difícil de tratar, ya que las emociones (frustración, bronca, depresión, etc.) salen a flor de piel, muchas veces justificadas por un entorno complaciente, que la suele jugar de comprensivo ante el pichón de crack que está mal porque tuvo un mal día.
Suena exagerado, pero con las variaciones del caso, es algo que se ve en miles y miles de casas de pequeños pichones de cracks, muchos de los cuales, ni siquiera llegaran a probar las mieles del éxito.
¿Duro? Sí, pero real. Entrenar, actualizarse, mirar partidos, ir al gimnasio y hasta ir al psicólogo deportivo es bueno, pero si tu mundo solo se reduce a tu vida deportiva, las posibilidades de encontrar felicidad más allá de la cancha o la competencia se reducen mucho, y tus posibilidades de pasarla bien o ser feliz empiezan a depender del resultado deportivo y…
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La moraleja, para chicos y grandes, es que hay vida más allá del deporte o fuera del club, y no hay nada más sano que tener o buscar otras apetencias o actividades que puedan servirte para aprender, crecer o simplemente como escape o cable a tierra para cuando las cosas no te salieron como querías en la cancha.
Tener un Plan B abre tu cabeza hacia horizontes superiores. Mejora la persona que está debajo del uniforme deportivo, y cuanto mejor es la Persona, mejor será el Jugador. Y te aseguro que la ecuación no falla.

Nota en FEBAMBA

La Psicología Avanza

Por Emilio Hamilton

Diorio

En los últimos tiempos, la psicología comenzó a tomar cada vez más valor en las organizaciones deportivas. De ser una intrusa y, en ocasiones, muy mal vista, pasó a ser clave para entender las etapas madurativas que atraviesa un deportista. Germán Diorio, quien trabaja con Vélez en el fútbol y Obras Basket, es una eminencia en la materia, y explica en una extensa charla las situaciones que viven los chicos, los profesionales y los entrenadores. Para él, la clave está en enseñar tanto a ganar como a perder, para tratar de empezar a dejar de lado las presiones y disfrutar más. Y deja una frase que pinta perfecto la temática: “Si Michael Jordan erró el 50 por ciento de los lanzamientos que tiró en toda su carrera, ¿qué queda para los demás?”.
– ¿Cuáles son las principales trabas que encontrás cuando hablás con los chicos?
– En realidad se hace muy difícil hablar de principales trabas, porque hay un montón en todos los órdenes de la vida. En el básquet, desde que el deporte explotó hacia resultados deportivos importantes, a la irrupción de la NBA y la aparición del dinero, empezaron a generarse presiones que veíamos habitualmente en el fútbol y en otros deportes. Chicos que quieren parecerse a, padres que quieren que sus hijos se parezcan a, y chicos que quieren alcanzar un desarrollo deportivo para el que pueden o no estar en condiciones. Esas presiones implican que se carguen una mochila muy pesada. En términos sencillos, lo que hace es que empiecen a presionarse demasiado por conseguir resultados individuales o colectivos y se vayan alejando demasiado del disfrute que necesitan. Cuando eso pasa, empiezan a jugar peor y a alejarse del sueño de llegar a ser deportistas.
– ¿La situación varía depende el deporte que sea?
– Cada deporte es un mundo, porque tiene su núcleo social y sus espejos. Hay diferentes situaciones y condimentos de acuerdo a cada actividad deportiva y al momento de cada una de ellas.
– ¿Lo mental es cada vez más decisivo en el deporte?
– Sí. Si yo te dijera que no, estaría atentando contra mis posibilidades de trabajo, pero sí, está claro, sobre todo con lo que ha cambiado el paradigma del deportista exitoso de hoy. Yendo al fútbol, que es el deporte más popular, el paradigma más exitoso del mundo era Maradona. Y Diego estuvo rodeado de un montón de carencias y de situaciones donde el profesionalismo queda muy de costado y donde el talento se impone a cuestiones físicas, a adicciones y a un montón de cosas más. La contracara de hoy es Messi, quien tiene un perfil bajo y muchos cuidados personales. El paradigma del deportista cambió muchísimo, y a partir de ahí lo que importa son dos cosas que tienen que ver con lo mental. Una es la cabeza que controla al tipo que va a tomar decisiones, como hacer una dieta, alejarse de los problemas o tomar diversos recaudos que lo van a llevar a hacer alto rendimiento. Y después está el plus del tipo que tiene la capacidad de decidir a velocidad y de manera efectiva.
– En el caso del básquetbol, si tuvieras que hacer un top tres de estímulos negativos que pueden llegar a frustrar al chico, ¿cuáles serían?
– El factor de presión es muy importante. Creo que es lo que está arriba de todo. Me pasa en el consultorio con todos los deportes. Llegan chicos cada vez más chicos que no disfrutan del juego. Y no lo hacen porque quieren rendir o responderle a alguien, a veces a un entrenador no preparado que le exige más de lo que debería en una etapa pedagógica complicada o a un padre que quiere ser más exitoso que el de al lado. También pasa que a los chicos les ponen objetivos que no corresponden, como premios por hacer diez o más puntos por ejemplo. Así hay un montón de situaciones. Son chicos que sufren una presión muy alta.
-¿Esas presiones que surgen pueden tener que ver con una sociedad que es exitista por demás?
-En principio sí. Y en segundo lugar tiene que ver con que los padres nos proyectamos en nuestros hijos, ya sean anhelos o frustraciones. Hay padres que no jugaron al básquet o no hicieron deporte pero igual tuvieron frustraciones en otras situaciones y quieren que su hijo cumpla metas en otros órdenes de la vida. Le pasa al que fue albañil, taxista, almacenero o comerciante y quiere que el chico tenga un título universitario.
– ¿Cómo se hace para modificar esa situación desde tu lugar?
– En lo individual, yo trato de trabajar para que el chico se desarrolle a sí mismo. Generalmente, cuando caen en el consultorio vienen de la mano de los padres. Lo que yo trato de hacer es un diagnóstico para conocer el estado de la situación. Sin la complicidad de los padres no se puede trabajar, por lo que muchas veces tuve que decirles que primero solucionen el problema entre ellos para luego traer al chico. Si no, no sirve. Cuando me toca trabajar en los clubes lo que hago es ubicar al chico en el marco y tratar de trabajar para que tenga un desarrollo personal dentro del contexto deportivo. Todo para que sea lo más feliz que pueda dentro de esa maquinaria que se le presenta.
-¿Con qué te encontrás en los jugadores profesionales?
-Con lo mismo pero siete u ocho años más adelante. Lo que uno no aprende de chico, a la larga lo sufre de grande. Yo me encuentro con deportistas de entre 25 y 35 años que a veces no saben enfocarse, no tienen claro como motivarse, dependen demasiado del qué dirán la tribuna y el periodismo y sus niveles de confianza todavía dependen de si lo pone o no el entrenador. Hay una cuestión de identidad deportiva que no se trabaja con los chicos. Cuando agarro chicos busco que desarrollen la identidad o la personalidad deportiva, cosas que van ligadas de lo personal de cada uno. Siempre digo que la persona es más importante que el deportista. Si el chico crece y se fortalece, el producto deportivo será mejor. Lo cierto es que no hay trabajo de ese tipo porque los tiempos en el deporte son cada vez más cortos. Todos quieren ganar, conseguir cosas y proyectar jugadores y no se respetan las etapas madurativas.
– ¿Eso hace que tengas que recurrir a la historia del profesional para ver qué sucedió?
-Depende. A veces es tomar el problema del momento para ver cómo lo solucionás. Esas son cuestiones conductuales. Por ejemplo, siempre es más fácil aprender a manejar a los 18 años que a los 35. Es una cuestión de adaptación. Si un chico aprende a no sufrir presión a los 14, a los 25, cuando haya un estadio con 60 mil personas puteándolo, no le va a importar. Va a asimilar la situación de otra manera y sabrá enfocarse más allá de los gritos del público.
– ¿La presión que se da en las categorías juveniles de fútbol se está trasladando cada vez más al básquetbol?
-Sí. Eso es muy nocivo para el chico, porque cuando empieza a hacer su camino necesita ir generando su propio concepto en cuanto a aprender cuando juega bien o mal. Pero cuando hay mucho ruido el chico se distrae. Entonces, a veces el pibe está jugando bien y el entrenador está contento, pero como los padres gritan él se va por las nubes. También hay aspectos de autoridad básicos y muy sencillos. Los padres le piden a sus hijos que respeten las cosas en la mesa y sean educados con otras cosas, y después son los mismos mayores los que putean a un árbitro o los expulsan por hacer un papelón en el medio de la cancha. Así, el chico pasa vergüenza. Y si no le genera nada y le parece floclórico lo del padre, él lo hará también cuando sea grande. Lo que ha cambiado es el concepto educativo. El gran problema no es del deporte, sino de lo social.
– ¿Hay que empezar a cambiar también un poco el vocabulario para hablar con los chicos? Es muy frecuente que se les pregunte si ganaron en lugar de si disfrutaron.
– Sí, eso pasa mucho. Los padres a veces le preguntan si ganó y jugo bien, y eso tiene que ver con el rendimiento. Pasa que el pibe se lleva una materia en el colegio porque algo le está pasando, o no juega al básquet porque no está cumpliendo algunas cosas. Pero así como antes los padres prestaban mucha más atención a las cosas que venían del colegio porque tenían un respeto mayor por los docentes, en el deporte pasa lo mismo. El entrenador no pone al nene y el padre se enoja, pero no se da cuenta que llega tarde a entrenar, se escapa del trabajo físico, tiene un mal comportamiento, no pone la actitud de otros o, simplemente, no es tan bueno. Inevitablemente, todos los padres creemos que nuestros hijos son fenómenos. Es natural, uno ama a sus hijos.
– ¿Existe la presión buena, bien entendida?
– Por supuesto, es la que se pone cada uno para conseguir resultados.
– ¿Puede venir del contexto también?
– Claro, puede llegar del marco cuando tiene una cuestión sana. Pasa que hoy no hay presión sana que venga de ningún lado, porque el exitismo hace que si no ganás no servís. Y si no servís, sufrís.
– ¿Y qué pasa con los entrenadores a la hora de llevar adelante un grupo?
– Últimamente estoy trabajando mucho con entrenadores, dando clínicas y cursos. Suelo ir siempre a las charlas de ENEBA a trabajar módulos específicos. Uno de los grandes problemas que aparecen es que el entrenador sabe mucho de básquet pero poco de manejo humano. La gestión de personas es muy importante. Si vos escuchás a grandes técnicos como Lamas, Duró, Hernández o Magnano, ellos hablan mucho del valor de la gestión y de cómo conducir un grupo. Después a eso le aplican básquet. Pero todavía no se le da tanta importancia en el proceso formativo. Cuando el grupo humano es bueno, las posibilidades de éxito son mucho mayores.

viernes, 24 de julio de 2015

Nota en Desayuno Serial

Linda charla de Psicologia y Deportes con Malena Guinzbourg y mis amigos Luis Rubio, Carucha Dejtiar y  el genial Eber Ludueña; en el programa "Desayuno Serial", que va los sabados de 10 a 13 por Radio El Mundo.



viernes, 3 de julio de 2015

Abrir La Cabeza

Es común, para nosotros los psicólogos, toparnos con caras de asombro al intentar explicarles a los deportistas la importancia de “abrir la cabeza”.
Muy metidos en lo suyo; tratar de responder a las presiones y rendir para los profesionales, o de aprender y crecer para los deportistas en formación; “abrir la cabeza” suele convertirse en una traba, un foco de distracción o una preocupación que muchos consideran innecesaria, y por ende, suele quedar para otra oportunidad.
Abrir la cabeza no es una práctica esotérica, tampoco involucra cirujanos y mucho menos intenta distraer o restarle tiempo al jugador. No lleva mucho tiempo, a veces ni siquiera se necesita de un psicólogo para hacerlo, y es mucho más sencillo de lo que parece.
En realidad, no se trata tanto de abrirla, sino más precisamente de no cerrarla.
La mezcla que se da entre el placer de hacer lo que a uno le gusta (mi deporte favorito), las ganas de rendir a pleno y el volumen de trabajo que incluye entrenamientos, cuidados y demás, lleva a que muchos deportistas terminen centrando su vida pura y exclusivamente en su actividad, que en muchos casos es su trabajo, y que cuando se trata de alta competencia, trae el lastre de la inserción mediática y el crecimiento desmedido del entorno. Hacer deporte o trabajar, según el caso, consume todo su día, porque incluso, cuando no estoy entrenando, estoy viendo partidos, videos o lo que fuere. La persona se vuelve monotemática y toda su vida pasa a depender de “cómo me vaya en el entrenamiento, partido, torneo”, dejando todo lo demás (familia, vida social, otras apetencias personales, etc.) más allá de un segundo plano.
Muchos piensan que eso es lo normal, que la carrera es corta y que hay que vivirla intensamente, a full, sin reparar que esa exposición desmedida al estrés no siempre da los beneficios que ellos esperan, y que a la larga se convierte en “pan para hoy, hambre para mañana”, ya que cuando se acerca la edad del retiro empiezan a aparecer crisis y preguntas existenciales acerca de que es lo que habrá más allá del retiro, por citar solo un ejemplo.
Varios deportistas han reconocido que el apoyo o la guía de un psicólogo les ayudo a ver más claro cuando se acercaba el retiro, pero… ¿Por qué esperar hasta los 30 para “abrir la cabeza” hacia nuevos horizontes?
Abrir la cabeza para saber desde siempre, que la carrera es corta, pero que vivirla intensamente no implica someterse a privaciones desmedidas que te alejen de hacer una vida medianamente normal en lo social o afectivo, o que se puede jugar y estudiar, leer o hacer algo más que solo entrenar, espiar las redes sociales y mirar partidos y videos.
Abrir la cabeza para saber que más allá de la cancha o el gimnasio hay una vida. Que no siempre sos el centro, y que a veces podés ser acompañante… Que debajo del uniforme del equipo hay una persona que necesita cuidados, crecer y hacerse fuerte, para que luego el deportista rinda más; y no al revés.
El apuro pone a chicos muy chicos a caballo de una ansiedad que suele volverse imposible de controlar, y esa, generalmente, suele ser la razón que termina quemando talentos en la hoguera de las necesidades de otros.

Abrir la cabeza… Puede sonar raro, pero es más fácil de lo que parece y sirve entre otras cosas para que la persona/jugador pueda aprender a imponer lo suyo por encima de los impulsos o estímulos que vienen de afuera, que por sano que creamos que es el deporte, no siempre son tan limpios o inocuos como desearíamos.

lunes, 8 de junio de 2015

La Mente... ¿Amiga o Enemiga?


La mente: amiga o enemiga

Nota de Eloisa Patat en "De Parana al mundo y viceversa" que amerita, de mi parte, una palabra con mayúsculas: GRACIAS. en algunos párrafos me puse un poco colorado por la generosidad de la entrevistadora.




Oriundo de Buenos Aires, Germán Diorio lleva 25 años ejerciendo la psicología especializado en deportes y conducción de grupos. Ha sido periodista deportivo durante más de 20 años, es psicólogo clínico, especializado en deportistas profesionales y amateurs, forma parte del plantel profesional de fútbol de Vélez Sarsfield y se encuentra a cargo del departamento de Psicología Aplicada al Deporte en el club Obras Basket de la ciudad de Buenos Aires. Autor de “El Psicólogo del Club”, un libro destinado a aquellas personas que deseen saber sobre la importancia de la mente en el desarrollo de los deportistas.

Corría el 2013, y mi vida nómada me llevó hasta la calle Libertador en la ciudad de Buenos Aires, barrio de Belgrano, cancha del club Obras Básket. Allí conocí a una persona muy especial, Germán Diorio, un verdadero amante del deporte, psicólogo, una persona enfocada a ayudar a los deportistas profesionales y su entorno. Su primer libro, “El Psicólogo del Club”, es una pequeña obra maestra esencial para padres con hijos deportistas, entrenadores y para los propios atletas, el cual les ayudará a entender cómo trabajar con la mente, y superar ciertas circunstancias específicas de este mundo tan exigente y competitivo.

A mediados de 2012, salió a la venta tu primer libro, "El Psicólogo del Club", ¿a quién va dirigido?

El libro va dirigido a todos aquellos amantes del deporte que quieran investigar un poco acerca del poder o la importancia de la mente en el desarrollo de los deportistas. Traté de escribirlo en un lenguaje llano y sencillo, para que pueda estar al alcance de un universo amplio, que vaya más allá de los psicólogos, tocando especialmente a deportistas, entrenadores y padres.

“El deportista por encima de las circunstancias fortuitas. El trabajo y la preparación por encima de situaciones mágicas. La convicción más allá de la suerte […] aquél que logra subir al próximo escalón es aquél que asume que la responsabilidad de lograrlo es solamente suya”, fragmento del prólogo escrito por el capitán de la selección argentina de básquet y jugador consagrado de la NBA Luis Scola, ¿por qué elegiste a Luis para que escribiera el prólogo?

Además de ser un deportista exitoso, Luis es un ejemplo en materia de conducta deportiva y liderazgo, para mí es un honor y un orgullo que alguien de su talla me haya regalado conceptos como los que él le dedicó a mi libro y al valor del trabajo mental. Siempre voy a estar en deuda y agradecido a Luis Scola por su gesto.

¿En qué porcentaje la mentalidad de un deportista incide sobre su rendimiento?
Si digo el cien por ciento suena exagerado, pero voy a usar palabras de Scola del prólogo que comparto plenamente: “Yo siempre digo que un jugador es la mezcla de tres cosas: físico, talento y cabeza. De acuerdo a cuánto de cada uno de los elementos tenga es el tipo de jugador que nos encontramos. El jugador perfecto formaría una especie de ´símbolo de la paz´ con el balance perfecto de las tres cosas. Claro que sólo hay unos pocos en toda la historia, Michael Jordan, Lionel Messi o Roger Federer podrían ser algunos ejemplos, el resto de nosotros variamos de acuerdo a nuestras características”. Insisto, las palabras no son mías, son de Scola, con todo lo que ello representa.

¿Existen diferencias en la exigencia psicológica en atletas que desarrollan deportes de equipo respecto a los individuales?
El factor diferencial más importante tiene que ver con las relaciones sociales que se establecen en los equipos, ya que en ellos se vive en comunidad. A veces, para los que disfrutan de ello, el apoyo del conjunto es una herramienta más para enfocarse o motivarse, pero en otras suele jugar en contra. Más allá de eso, todos son personas haciendo deporte o compitiendo, con las salvedades del caso respecto a los factores condicionantes que tiene cada actividad en particular.

¿Creés que existe el liderazgo negativo?


Sí, claro que existe, pero desde mi punto de vista, líder negativo es aquel que prioriza sus objetivos por encima de los del equipo, y para combatirlo, la mejor receta es hacerle ver las razones por las que debe comprometerse con el mismo.

Sos un profesional que está trabajando en constante interacción con deportistas profesionales, amateurs, en formación, en tu consultorio particular, y hasta vía Internet con pacientes que viajan o viven en el exterior. Además sos parte del plantel profesional de fútbol de Vélez Sarsfield y estás a cargo del Departamento de Psicología Aplicada al deporte en el club Obras Basket donde te encargás de atender a los jugadores profesionales y de las inferiores. Llevás más de 25 años dedicados a la psicología deportiva. Teniendo en cuenta que la mentalidad de un deportista puede llevarlo a la victoria o conducirlo a una derrota, influyendo directamente en su rendimiento, ¿por qué creés que todavía los equipos profesionales argentinos se resisten a incorporar la figura del psicólogo deportivo como parte fija del plantel?

Los factores son varios y el primer punto tiene que ver con que aún, los psicólogos, no hemos sabido vender bien el producto para generar una necesidad. Y no apunto a “vender” como engaño, sino a saber mostrar qué hacemos, cómo trabajamos y qué podemos aportar, que aunque suene feo decirlo, es mucho, por cierto. Algunas malas experiencias han provocado un retraso en la inserción de los psicólogos en los equipos deportivos, lo que provoca también que a los dirigentes se les plantee la duda a la hora de “invertir” parte de su presupuesto en un sueldo más. Pero esperemos que eso cambie en corto plazo, no solo por el bien de los psicólogos que trabajan en el deporte, sino fundamentalmente porque hoy en día, cada vez es más necesario aprender a trabajar la cabeza para hacerla jugar a favor, y no en contra.

¿Cuál son las señales más frecuentes que le permiten a un deportista o a su entorno saber que su rendimiento está limitado por sus “habilidades mentales”?

No hay una. Yo siempre digo que no se puede separar a la persona del deportista. El concepto de habilidades mentales es demasiado amplio, si te puedo decir que hay factores de consulta más o menos comunes, según el caso, y que hoy se acude al psicólogo por problemas de motivación, concentración, manejo de los niveles de frustración, problemas de relación con el entrenador, el entorno o el manejo de la angustia en el proceso de recuperación de lesiones, por citar solo los puntos más salientes.

Hablás de confianza y motivación, dos puntos claves en el deporte como en la vida, ¿se pueden mejorar con trabajo psicológico?

Cada persona es un mundo y es imposible responder eso en pocas palabras, ya que todos tenemos resortes diferentes. Pero el punto de partida es el autoconocimiento, saber quién soy y sobre qué virtudes o fortalezas me apoyo para salir a la cancha o hacer mi trabajo. Muchos deportistas sufren dudas y bajones producto de que no saben realmente quienes son o sobre qué parte de su yo deportivo se deben apoyar, y esto corre para el deportista de elite, pero para todos en general. 

La mayoría de los entrenadores realizan el scouting del contrario como parte de la preparación de un partido, ¿creés que resaltar las habilidades del otro puede dinamitar la confianza del atleta?, ¿hasta dónde sirve tener tanta información?

La línea es muy fina. La información sirve para conocer al rival y tenerle respeto, además de para buscar los caminos para enfrentarlo y lastimarlo, pero a veces la sobreinformación provoca picos de presión en algunos deportistas. La única receta para evitarlo es invertir tiempo en conocer a tus jugadores, para saber quién necesita más información, quién menos, y quién necesita qué tipo de motivación.

¿Qué consejos básicos le darías a un entrenador para mejorar el rendimiento de su equipo antes de que empiece la temporada?

El consejo básico que siempre doy tiene que ver con darle valor a lo humano. Conocer a tus jugadores paga doble, y muchos entrenadores cometen el error de pretender bajar línea o conceptos sin detenerse a saber con qué material humano cuentan en su plantel.

¿Sirve presionar a un jugador para mejorar su rendimiento? 

En psicología no hay fórmulas mágicas. Hay quienes responden bien a la presión y quienes responden mejor al aliento.

¿Creés que el miedo al fracaso, incide en el rendimiento de los deportistas?

Si, y como muchas cosas en el deporte, es algo sobredimensionado... Lo primero que habría que ver es "qué es fracaso", ¿no? El deporte de hoy necesita menos drama y más juego y disfrute.

Hay momentos claves en la vida de un deportista, como las finales de campeonato que definirán su carrera deportiva, ¿aconsejás alguna preparación mental antes de esa cita tan importante?

Yo creo que no solo una final es un momento crucial, y que hay que prepararse para todo: iniciar el camino, crecer, saltar al profesionalismo, jugar en clubes grandes, jugar finales, la selección, jugar teniendo familia, etc. Hay miles de tips pero para mí el básico es conocerte, para saber qué explotar y qué mejorar, y para saber con qué cosas conectarte antes de los juegos para potenciar tu preparación. Nada mejor que llegar en tu mejor estado físico y emocional. El tema es que muchos lo desconocen.

El deporte y los padres


¿Cuáles son los objetivos de tus charlas para padres con hijos deportistas?
Hacerles ver a los padres, desde mi experiencia como psicólogo y padre de deportistas, la importancia de aprender algunos tips que les permitan ayudar y acompañar a sus hijos sanamente en su actividad deportiva.

Si su hijo es una joven promesa con talento:

Déjelo elegir la actividad que quiere realizar, y cómo y por cuánto tiempo la quiere realizar.
Muchas veces los padres nos subimos al "hijo talentoso", creyendo que el deporte es lo mejor que le puede pasar, lo apoyamos tanto en su camino que lo empujamos hacia algo que tal vez él no quiere hacer: jugar federado, jugar alta competencia, ser profesional.
Siempre invito a los padres a escuchar a sus hijos, para que ellos elijan. Eso evita frustraciones a futuro de ambos lados. La elección siempre debe ser de ellos.

¿Cuál es la problemática más común de los jóvenes atletas?

Hay varias, aunque podría centrarme en el manejo de la presión que sufren los chicos desde edades tempranas, cuando padres y entrenadores pretenden que los mini deportistas tengan rendimientos extraordinarios o por encima de sus posibilidades reales. La presión lleva a los chicos a rendir por debajo de su potencial, y en corto o mediano plazo a que el chico deje de disfrutar, rinda menos y se aleje de las canchas.

¿En qué errores frecuentes incurren los padres de deportistas jóvenes que demuestran talento para conseguir una carrera profesional?

Creer que tienen un crack y que por el solo hecho de tener talento, el chico va a encaminarse hacia el deporte profesional. La clave para un deportista feliz es dejarlo ser, dejarlo elegir, no solo qué deporte hacer, sino en qué nivel practicarlo o hasta qué momento.

A muy temprana edad, entre los 16 y 18 años, se produce un quiebre del deportista amateur al profesional. Atletas destacados, comentan que en su etapa de desarrollo, sus padres o entrenadores les exigían para entrenar y esforzarse al máximo, y qué sin esa presión o exigencia no hubiesen llegado hasta donde están hoy.

La clave, siempre, está en la formación del chico desde temprana edad, en aspectos deportivos, humanos y psicológicos. Eso insume tiempo y dedicación, y para lograr que el chico encare ese trabajo con energía es vital que sea el chico quien tome la decisión de practicar deporte o de dar ese salto al profesionalismo. Muchos talentos se frustran o quedan en el camino porque esa decisión estuvo en manos de padres alentados por un entrenador que vio en el chico condiciones, y no en un chico que decidió hacer alta competencia.


Germán Diorio en las redes:
Email: germandiorio@hotmail.com
Twitter: @germandiorio

Comprá "El Psicólogo del Club" en:
Librerías Yenny, Boutique del Libro, Librerías Santa Fe, Cúspide y Tematika.com


Link a la nota y al blog:
http://deparanaalmundoyviceversa.blogspot.com.ar/2015/06/la-mente-amiga-o-enemiga.html

martes, 26 de mayo de 2015

Buscando la Regularidad

¿Por qué cuesta tanto alcanzar la “Regularidad”?
Jugamos un partido bien, tal vez dos, si venimos en racha, uno o dos muy bien, y muchas veces, sin razón aparente, caemos en un pozo de irregularidad que a veces nos lleva a perder el puesto.
Generalmente, una de las cosas que hace grandes a los grandes deportistas es, precisamente, la capacidad de poder jugar siempre en un mismo nivel, o al menos de no tener bajones pronunciados o prolongados.
¿Qué es lo que diferencia a los comunes de los Fuera de Serie?
Básicamente, que los Fuera de Serie no tienen en primer plano el “no se puede”. Por el contrario, para ellos, en primera instancia, “todo es posible”, y con esa filosofía y ese espíritu salen a la cancha a buscar soluciones.
Los Fuera de Serie salen a jugar sintiendo que todo se puede, pero no comen vidrio y saben que no todo se puede, por eso no se frustran ante el primer obstáculo que se les presenta, ni dependen de que la primera acción de juego salga bien. Son aquellos que saben cuándo correr, pero también cuando descansar; y por ello suelen tener claridad en los momentos difíciles.
Los Fuera de Serie saben que no ganan los mejores, ganan los que creen que pueden hacerlo. ¿Por qué pasa eso? Pasa porque el que cree que puede ganar va a dar ese esfuerzo extra, va a adelantarse un segundo a la jugada, no va a dudar a la hora de tomar el tiro, va a intimidar al rival con su actitud, se va a tirar de cabeza por la pelota que otros dan por perdida, etc.
Hay quienes, con mayor o menor razón, hablan de jugadores de entrenamiento y jugadores de partidos, y lo cierto es que los Fuera de Serie suelen llegar a esa condición porque antes de ser jugadores de partidos, fueron grandísimos jugadores en los entrenamientos. No en vano, se dice que “se juega como se entrena”, y más allá de lo físico, en el aspecto mental y actitudinal, si entrenas a media máquina o regulando, a la larga, lo que estás haciendo es entrenar a tu cabeza para responder de esa manera, por lo que el jugador que no entrega todo en la semana, suele quedarse con muchas cosas por dar a la hora de la competencia.
¿Entonces? Entonces para alcanzar la ansiada Regularidad, tenés que:
-              Conocerte (para saber que podes esperar de vos, que pedirte, como prepararte)
-              Trabajar Duro (sin un buen entrenamiento – físico, táctico, mental – es imposible rendir a pleno en el deporte de estos tiempos)
-              Aprender a Pensar (pensar para plantear estrategias, para seguir un plan de juego, para saber lo que te conviene, para saber que el rival también juega y no frustrarte cuando las cosas no salen, para saber cómo dejar atrás un mal momento…)
-              Creer en tu capacidad (para potenciar la Confianza)

Ser Regular no es una condición reservada solo para los elegidos. Es una habilidad que vos también podés conseguir. Solo es cuestión de proponértelo, y trabajar en consecuencia.

martes, 21 de abril de 2015

Nada Personal

¿Cuántas veces escuchamos la frase: “No te lo tomes tan a pecho”? Y… ¿Cuántas veces, pese a que nosotros mismos solemos recomendarlo, terminamos enredados en una suerte de círculo vicioso de malestar producto de tomar algo, tal vez al pasar o generalizado, como un ataque personal? Si, somos así. Desde la tribuna, mirando lo que le pasa al otro, todo nos parece mucho más fácil, pero cuando la frase, sentencia o lo que fuere nos roza, suele costarnos mucho tomarla con pinzas y analizar si era para nosotros, si era para tanto, o si es necesario hacernos malasangre.
En el deporte, y más específicamente en el aspecto relacional de la vida deportiva, esto muchas veces se exacerba hasta limites exponenciales, y uno de los puntos en los que se suelen producir gran cantidad de piquetes emocionales es la relación con Jugador – Entrenador.
Dijo que la actitud no se negocia, yo entrego todo, pero no me pone”, o “el exige cumplimiento y responsabilidad, doy todo, pero no me tiene en cuenta”, son solo algunas de las frases en tono de lamento que suelen salir de boca de los deportistas, quienes en medio de la frustración o dolor que les da no jugar o ver satisfechas sus expectativas, suelen tomar la decisión del entrenador como algo personal. Y ahí, en ese cruce de caminos, se produce el piquete emocional, porque al sentir la decisión como personal, inconscientemente el deportista se embrolla en el dolor, que lo lleva a tomar actitudes no constructivas para su presente/futuro, tales como:
1)     Enojado o molesto, ir a pedir explicaciones dejando traslucir ese enojo, contribuyendo sin querer a tensar la relación con el DT.
2)     Dolido y preocupado, meterse para adentro y bajar los brazos entregado a algo que, cree o siente que no puede cambiar.
Ambas situaciones solo consiguen abrir una brecha que seguramente no era tal, y al mismo tiempo, atentan directamente contra sus chances de dar vuelta la historia, y la matriz de esas decisiones (ir a buscar o cerrarse) es el dolor, que suele ser el peor aliado del pensamiento que precede a la toma de buenas decisiones.
Los caminos de salida para no toparse con el piquete emocional arrancan por algo a priori muy sencillo para los que observamos de afuera: Tomar lo que dice o hace el entrenador como algo profesional, y no como algo personal. ¿Por qué no pensar que se trata de una decisión táctica o técnica en lugar de algo afectivo o personal basado en preferencias o vaya a saber uno que cosa? El dolor nos impide pensar con claridad, y fácilmente caemos en la trampa de llevar la decisión al plano personal en lugar de a algo estrictamente técnico. ¿Por qué no pensar que el DT está buscando lo mejor para el Equipo y que, más allá de la actitud o el cumplimiento, elije a otro porque necesita o cree que necesita otra cosa?
Pensar en frío facilita todos los caminos. En frío, podemos entender o tratar de entender las decisiones del otro, en este caso el que manda, como algo técnico, y a partir de allí, en frío, podemos hacernos la pregunta más importante: “¿Por qué el/ella y no yo? ¿Qué es lo que el/ella ofrece o da que yo no estoy dando?” Solo a partir de ese análisis, es que pueden arrancar las mejoras que, evidentemente, necesitamos para ganarnos ese lugar que tanto anhelamos y creemos merecer.
En frío, podemos tomar la decisión correcta, que es ir a preguntar (con sumo respeto y humildad) “que me está faltando para tener eso que anhelo”, o “como puedo mejorar para hacerme acreedor a aquello para lo que estoy trabajando”. En caliente, desde el dolor, es más fácil caer en pedir explicaciones de mala forma o cerrarnos en la desazón, y ninguno de esos caminos nos lleva al éxito. En frío, podemos buscar razones, y a partir de esas razones, se puede empezar a construir.

Tomar las decisiones que no nos favorecen como “algo personal” no suele ser el mejor camino. De allí la importancia de aprender a cambiar el eje emocional y, fundamentalmente, aprender a pensar.

viernes, 17 de abril de 2015

Causa y Efecto

El deportista, sabemos, esconde una persona debajo del uniforme deportivo. Una persona que, aunque a muchos les cueste creerlo, influye de manera decisiva sobre el rendimiento del deportista en cuestión. Alguno pensará “obvio”, pero es casi una regla que, al ponenos los botines, las zapatillas o la ropa deportiva, muchas veces caigamos en el error de olvidar o no tener presente eso que, en frío, nos parece obvio: Somos personas, con una vida que va mas alla de lo estrictamente deportivo.
El tema es que, uno de los vicios más comunes en los deportistas de alta competencia es hacer girar TODA su vida en derredor de la actividad deportiva. El deportista viene programado con el chip de la carrera corta, y por ende entiende que debe vivirla intensamente, y si bien eso es en cierta forma así, en ninguna página del manual dice que hay que vivir solamente para el deporte.

Resultado de imagen para deportista felizAprender a separar el profesional de la persona, especialmente en el aspecto emocional, es vital para que el profesional pueda rendir a pleno a partir de aprender esquivar o sortear de manera efectiva los momentos negativos que suelen venir de la mano de los resultados desfavorables o los contratiempos que suelen presentarse en las temporadas o competencias.
Es muy común encontrarnos con deportistas que sostienen que cuando juegan bien, todo fluye en su vida personal, en tanto que cuando deportivamente les va mal o no tan bien, todo su mundo relacional y si vida privada empiezan a sufrir trastornos de algún tipo.
El resultado manda, y el foco está tan puesto en el trabajo (deporte) que ese “cuando juego mal me va mal” se traslada a los entrenamientos, al punto que una mala practica suele tener como correlato una mala tarde en casa.
En términos de causa y efecto, a un mal entrenamiento le siguen momentos desagradables, porque en lugar ir a casa a buscar consuelo o un cambio de clima, el malhumor suele gobernarnos y ponernos ante la incómoda situación de pasarla mal, como si lo que buscáramos fuera una especie de autocastigo por el mal desempeño. Entonces nos pasamos el tiempo hasta la próxima practica / partidos sumidos en pensamientos negativos, comemos mal y descansamos peor, como si eso fuera a garantizarnos que al otro día vamos a rendir como deseamos.
¿Entonces? El problema pasa porque tenemos las polaridades / prioridades invertidas. No se trata de Juego Bien – Estoy Bien, sino de tratar de aprender a estar Bien en mi vida personal, para poder rendir bien en el deporte.
En términos matemáticos, un entrenamiento de 3, 4 o 5 horas no tendría que tener el poder de condicionarnos para el resto del día. Se trata de aprender a dar vuelta la pagina, despojarnos de las emociones negativas que nos dejó el mal momento (entrenamiento o partido) para luego buscar las razones que nos llevaron a rendir lejos de lo esperado, para así, con tranquilidad, generar estímulos que nos sirvan para provocar el cambio.

En términos mas profundos, gobernar nuestra vida mas allá de los resultados, en lugar de dejar que los resultados gobiernen nuestra vida.

Si jugué o me fue mal, es mucho mas saludable buscar en casa o mi vida personal, elementos que me permitan despejarme, limpiarme de las emociones negativas y cargarme con emociones positivas, para así poder descansar y reciclar la cabeza para ir a la próxima practica o partido en condiciones de rendir bien.
Por eso es tan importante evitar el “Vivo para Trabajar” que suele marcar la vida de los deportistas. Disfrutar de la vida mas allá del deporte es casi tan importante como cuidar el cuerpo o entrenarse, ya que si debajo del uniforme hay una persona, si esa persona está feliz, seguramente va a rendir mucho mejor que una que no lo está.

Se trata de cuidar tu vida personal y de relaciones para poder encontrar en ella el descanso necesario para reponer fuerzas cuando las cosas no salen. De allí que sea tan importante encontrar tus momentos de paz, diversión y crecimiento, más allá de lo estrictamente deportivo.