Luis Scola escribió el prólogo, y como no podía ser de otra manera fue el primero en recibir su ejemplar.
sábado, 15 de marzo de 2014
Ya En Librerías
La espera no fue en vano, y "El Psicólogo del Club" está, por fin, en las mejores librerías del País. Podés ir por el o podés pedirlo por internet en www.tematika.com
Luis Scola escribió el prólogo, y como no podía ser de otra manera fue el primero en recibir su ejemplar.
Luis Scola escribió el prólogo, y como no podía ser de otra manera fue el primero en recibir su ejemplar.
lunes, 10 de marzo de 2014
Nosotros y Los Miedos
Producto
de nuestra naturaleza animal, los seres humanos tenemos miedo, vivimos en el
miedo. El impulso más primitivo aparece como por arte de magia ante cualquier
amenaza, y nos empuja a refugiarnos en lo conocido, en nuestra zona de confort,
como los animales se refugian en su guarida. No nos gusta el cambio, o al
menos, en la mayoría de los casos, no mucho, y muchas veces optamos por estar
mal a no saber cómo estaríamos si nos jugáramos por un cambio. El miedo frena
muchas oportunidades. En la vida, y obviamente en la cancha.
El
primer reflejo cuando uno consulta a un deportista por “el miedo” es la
respuesta negativa. “Yo no tengo miedo”, responden casi automáticamente, en la
mayoría de los casos, empujados por la creencia popular de que aquel que tiene
miedo “es un cagón”, “pecho frío” o cosas por el estilo. Y lo cierto es que el
miedo es un impulso primitivo que, bien tomado, sirve para ponernos en alerta
ante un peligro, y bien saben los deportistas que estar preparados para los peligros
que pueda presentarnos la contienda es una de las herramientas primigenias para
salir a la cancha preparados. De eso se trata el scouting entre otras cosas,
¿no?
Entonces,
¿por qué ocultar emociones o sensaciones reales, cuando ponerlas sobre la mesa
servirá para prepararnos mejor?
Lo
único sobre lo que Siempre Tenemos Control es sobre nuestros propios
pensamientos y obviamente sobre nuestra propia vida. Por eso es tan importante
decidir qué queremos hacer. No podemos dejar que otros o las circunstancias
decidan por nosotros. Y cuando no nos preparamos debidamente desde lo
emocional, tarde o temprano quedamos a merced de emociones peligrosas como el
miedo, que suelen aparecer en el momento que uno menos la necesita (pasaje
crucial de un partido por ejemplo) provocándonos por lo general dos tipos de
respuesta muy comunes: huida (ansiedad extrema que lleva al apresuramiento en
la toma de decisiones) o parálisis (nos
quedamos inertes y dejamos que el juego nos pase por el costado sin
comprometernos con el).
Los
miedos limitan. Por eso es tan importante reconocerlos, prepararnos para
enfrentarlos y atacarlos para tomar el control de la situación.
Solemos
escaparle a hacernos preguntas aparentemente existenciales que en verdad no lo
son tanto. Si no tuvieras limitaciones, ¿qué te gustaría hacer con tu vida, tu
carrera deportiva o el partido que se avecina? Si estuvieras seguro de
conseguirlo, ¿qué harías hoy mismo? ¿Qué objetivos te marcarías? ¿Qué es lo que
más te gusta hacer? ¿Con qué disfrutas? ¿Qué sabes hacer bien?
Conocerte,
es vital para saber con que herramientas contás para encarar lo que se viene,
en cualquier situación de la vida. Conociéndote, conoces tus fortalezas y
generas herramientas para enfrentar esos miedos que Todos Tenemos. Si actúas
con miedo, seguramente vas a fracasar. Actúa como si fuera imposible fracasar y
vas a triunfar.
Depende
de Vos. De nadie más.
lunes, 10 de febrero de 2014
"Dejalo que se Equivoque"
El
Deporte formativo, aunque parezca mentira, es uno de los eslabones más débiles
en la cadena en la Argentina y varios países de Latinoamérica. En muchos
deportes, desgraciadamente, las inferiores suelen ser una estación de paso hacia
las categorías superiores, motivo por el cual, muchas veces nos encontramos con
entrenadores muy jóvenes y a veces carentes de formación para enfrentar
determinado tipo de grupos o situaciones, o bien DTs que no tienen real
vocación para trabajar con chicos o jóvenes, y que solo están al frente de un
equipo de “Formativas” esperando que los resultados obtenidos le sirvan de
trampolín hacia niveles superiores.
Las
Divisiones Inferiores no siempre están bien pagas, y muchas veces se usan (en
los deportes no profesionales sobre todo) para retener a un jugador importante
a cambio de una remuneración encubierta. Son, nos guste o no, las leyes del
juego ante la ausencia de presupuesto o estructuras más fuertes, y como
siempre, son los chicos quienes terminan pagando los platos rotos, ya que son
ellos los que tienen que lidiar con las carencias de sus formadores.
La
frase es del libro de un afamado colega (Daniel Goleman) y refiere a la
educación de los niños, pero siempre digo que la relación Entrenador - Jugador
tiene muchos puntos de contacto con la relación Padre - Hijo, sobre todo en los
aspectos comunicacionales, de allí que me parezca útil reflexionar sobre ella:
"La sobreprotección,
parece alentar el temor privando a los más jóvenes de la oportunidad de
aprender a superar sus miedos, mientras que, en cambio, la filosofía de
«aprender a adaptarse» parece contribuir a que los niños más temerosos
desarrollen su valor"
Muchos
Entrenadores, por diferentes motivos, suelen sobreproteger con ordenes
constantes a sus dirigidos (sobre todo en edades formativas), al punto de
generar en los chicos una dependencia o una obligación de responder
automáticamente, y eso, en cierta forma atenta contra la capacidad de
desarrollo del jugador, ya que al tener coartada la facultad de tomar
decisiones por esta conducta de su DT, puede sufrir un retraso madurativo en
este apartado (la toma de decisiones). Si el error desata un drama, se hará muy
difícil para el jugador tomar conductas de riesgo, soltarse, crear, aprender de
su propio error.
Asi
como los Padres tienen directa responsabilidad en la educación emocional de sus
hijos, los Profesores o Entrenadores también la tienen en la educación
emocional de sus pequeños jugadores, que en muchos casos suelen llegar a sus
manos en edades tempranas. De allí la importancia de formar a los formadores
para encarar semejante tarea. Muchos Entrenadores ponen el foco de su
aprendizaje en saber de su deporte, y en realidad, sobre todo en esas etapas,
aprender a manejar personas es tan o mas importante.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Según Como lo Mires...
¿Cuántas veces
escuchamos refranes, atribuidos a la “sabiduría popular”, y terminamos no
prestándoles la debida atención o, en su defecto, pensando que son cosa de otro
tiempo? El refranero está lleno de frases célebres que, porque suenan antiguas,
graciosas o sencillamente porque no nos detenemos a pensar qué nos quieren
decir, terminan desechadas en nuestra imaginaria Papelera de Reciclaje.
En Argentina, por
ejemplo, dichos camperos como “no por
mucho madrugar se amanece más temprano”, o el conocidísimo “a mal tiempo buena cara”. La lista
podría extenderse varias líneas más, y ni hablar si le agregamos dichos de
países vecinos o de otras partes del mundo. Invariablemente, esos dichos
intentan mostrar que la vida puede ser mucho más simple de lo que nos suele
parecer a nosotros, sobre todo en los momentos de tensión.
¿Cuántas veces
te han dicho “la vida es según el cristal
con que la mires”? Relacionado con esto, a mi me gusta esa que dice que “la vida es 10 por ciento lo que nos sucede,
y el otro 90 por ciento es como interpretamos eso que está sucediendo”, o
algo así. Y ambas aluden a situaciones similares que tienen directa relación
con nuestra manera de enfocar las cosas. Podemos enfocar en positivo o en
negativo, y la elección de cómo lo hacemos depende exclusivamente de nosotros.
En cierta forma, se trata de elegir a que le prestamos atención, y está
comprobado que el cerebro es incapaz de prestar atención a dos estímulos al
mismo tiempo, puede saltar de uno a otro, pero nunca encadenar y atender los
dos al mismo tiempo.
Vivimos
saturados de información y estímulos: computadoras, teléfonos inteligentes,
mails, redes sociales, pero atendemos solo aquello en lo que ponemos el foco,
aquello en lo que ponemos nuestra atención. A mis pacientes siempre les cuento
la historia del auto verde, en la que les confieso que compré un auto de ese
color convenido que era muy original, hasta que una vez que salí del
concesionario con mi flamante adquisición, empecé a ver autos verdes iguales al
mío en todas las esquinas. ¿Magia? ¿Casualidad? No, sencillamente, hasta ese
momento no los veía, o no les prestaba atención, y vaya si había (y hay) autos
verdes como ese. Por eso decimos que la atención es selectiva. Nos llegan
cientos de estímulos, pero nosotros decidimos a que le prestamos atención.
Con los estados
de ánimo (alegría, tristeza, miedo, ansiedad) pasa algo parecido, porque están
relacionados directamente con la manera que tenemos de contemplar y valorar el
entorno. Hay gente que, ante una situación determinada, inconscientemente
reconoce primero el costado negativo de eso que le toca vivir, lo cual en
cierta forma termina condicionándola negativamente o provocándole sensaciones
negativas que, en muchos casos, no le dejan ver el costado positivo de dicha
situación.
Por eso es tan
importante entrenar la capacidad de ver el “Lado Positivo” de las cosas que nos
pasan, ya que así como lo negativo nos pone mal, las cosas lindas y positivas
de la vida nos generan sensaciones agradables que nos predisponen bien. Las
personas felices suelen tener puesto su foco en lo positivo, en lo que suma, y
suelen estar predispuestos para que las cosas les salgan bien. Alguna vez
bautizaron a Martín Palermo como “optimista del gol”, y esa cualidad de
optimista o de salir a la cancha esperando romperla o ganar es clave en el
deporte para conseguir resultados positivos.
La mirada
positiva es la que te permite disfrutar de los pequeños detalles de la vida
(una sonrisa, un gesto de amor, cariño o solidaridad, un halago, tomar algo con
un amigo, mirar una película o un partido en tu sillón favorito, prepararse
unos ricos mates, etc.); y en el deporte pasa lo mismo. Los pequeños detalles
son vitales, sobre todo en esta época en la que el individualismo atenta contra
el armado de los grupos y contra la capacidad de lectura de juego de muchos
deportistas, que terminan anteponiendo su actuación personal (su gol, sus
puntos) a otro tipo de situaciones. La suma de acciones positivas termina
haciendo grandes deportistas y grandes equipos, y aprender a disfrutarlas
contribuye enormemente a la construcción de ese estado de felicidad que
potencia al jugador.
Los grandes acontecimientos
se dan cada tanto, y hay quienes se pasan la vida esperándolos, y lo peor es
que sufren durante el camino. Disfrutar ese camino o proceso es lo que permite
potenciar capacidades y talentos; crecer y, sobre todo, tener mayores chances
de jugar bien. En definitiva, si tu mira apunta solo a disfrutar a festejar los
hitos o grandes acontecimientos, el camino pasará desapercibido, cuando en
realidad, celebrar y disfrutar los pequeños acontecimientos de cada día opera
como retroalimentación positiva. Y siempre es mejor salir a la ruta con el
tanque lleno de combustible, ¿no?
¿Cuál es tu manera de mirar
la vida o los acontecimientos que te toca vivir? ¿Enfocás primero el Lado
Positivo o el Lado Negativo? Conocerse
es el primer paso para conseguir cambios. Qué nada ni nadie te impida
salir a la cancha con optimismo y ganas de disfrutar de lo que hacés.
lunes, 13 de enero de 2014
Salir de la "Zona de Confort"
Desde España, pero perfectamente adaptable a cualquier realidad deportiva, la colega Patricia Ramírez habla sobre la importancia de ayudar a los niños/as deportistas a salir de su "zona de confort" para potenciar su crecimiento.
Cada vez le damos más protagonismo al deporte base y lo identificamos como un aula abierta, en la que hay un proceso de enseñanza y aprendizaje en toda regla. Los niños están en continuo contacto con valores y hábitos importantísimos para que se desarrollen como personas y futuros profesionales: habilidades sociales, disciplina, orden, método, esfuerzo, trabajo en equipo, atribución de responsabilidad…
Muchas son las responsabilidades que hoy en día tenéis los entrenadores del deporte base. Se os pide que ejerzáis varios roles…de técnico de fútbol, de líder, el de gestor de personas, el de comunicador, el que da apoyo y aliento, el que educa en valores, el que controla a los padres para que no presionen y le pidan al niño más de lo que puede dar, etc. Roles para los que, en la mayoría de las ocasiones, no tenéis formación, solo sentido común.
Cada vez le damos más protagonismo al deporte base y lo identificamos como un aula abierta, en la que hay un proceso de enseñanza y aprendizaje en toda regla. Los niños están en continuo contacto con valores y hábitos importantísimos para que se desarrollen como personas y futuros profesionales: habilidades sociales, disciplina, orden, método, esfuerzo, trabajo en equipo, atribución de responsabilidad…
Amén del talento futbolístico que tenga el niño, en un futuro, como entrenadores, vais a valorar mucho su actitud, su garra, el tener sangre, que sepa competir…ese descaro que tienen algunos jugadores con el que se atreven a hacer cosas que otros, por miedo al fracaso, dejan de probar. ¿El descaro viene genéticamente determinado? No. La valentía se aprende, y se aprende, porque se enseña.
Una manera de conseguir que nuestros pequeños deportistas sean más valientes y que en el futuro se arriesguen y sean capaces de tomar decisiones, de crear sin miedo a fracasar, de no ser borregos y hacer las cosas de forma diferente, es desdramatizarles el fracaso y aportarles seguridad.
En esta sociedad tenemos sobrevalorado el éxito y la victoria, e infravalorado el fracaso, porque premiamos más los resultados que los procesos. Esto es una equivocación, por lo menos en el deporte base. Los entrenadores tenéis que valorar el esfuerzo, el compañerismo, la valentía, la capacidad de asumir responsabilidades, el liderazgo, porque estos valores tienen su protagonismo y forman parte del éxito y del fracaso. Ningún niño quiere hacer aquello con lo que no se siente cómodo, porque no le da seguridad. Se siente ridículo si le regañan, si se ríen de él, si le comparan o le apartan de la tarea. Ese niño se etiquetará a sí mismo como torpe y no querrá exponerse otra vez. Y si no se expone, no tendrá oportunidad de entrenar esa destreza. Le habremos limitado en lugar de potenciarle.
El niño se siente cómodo en su zona de confort. La zona es esa en la que la jugada es predecible, en la que tiene una probabilidad alta de acertar y de jugar bien, sus movimientos le dan seguridad porque sabe que hay poco margen de error. Pero en esa zona no avanza. No avanza ni en el fútbol, ni en la vida. Porque entrenar contigo no es solo un proyecto como jugador, sino como persona. Si quieres tener jugadores y jugadoras valientes, que sean capaces de salir de su zona de confort, que se atrevan y creen oportunidades, sigue estos consejos:
- Despenaliza el fracaso y el error. Diles que en tu escala de valores es más importante el esfuerzo e intentar aprender, a que hagan un buen centro. Importa intentarlo, probar y avanzar.
- Sé consecuente con el punto anterior. Cuando cometan un error, alienta el intento, diles que te sientes orgulloso de los que se atreven y toman decisiones.
- Corrige de forma positiva y constructiva, centrándote en lo que tienen que hacer bien, en lugar de lo que tienen que dejar de hacer mal. El cerebro entiende mejor cuando las órdenes se centran en “esto es lo que hay que hacer y de esta manera” en lugar de formularlas en términos “no hagas esto”.
- Enséñales a convivir con la presión, el miedo y la incertidumbre. Enséñales a que sus emociones tienen el valor y el peso que ellos les quieran dar. Puedes hacer un ejercicio basado en el humor. Pide a cada chico que dibuje su miedo, con alguna forma, como la de una nube, una estrella, un monstruo…con boca, ojos y una cara divertida. Que los recorten, y que escriban encima algo así como “soy el miedo de Fran”, y que antes de salir a entrenar o a jugar, lo dejen pegado en la pared del vestuario, o dentro del neceser. Es un acto simbólico que nos aleja de las emociones que nos bloquean y nos permite tomar distancia con ellas. No las eliminamos de nuestras vidas, pero decidimos el protagonista que tienen que tener.
- Enséñales a trabajar con estas preguntas:
o ¿Qué quiero?
o ¿Por qué?
o ¿Para qué?
o ¿Con qué?
- Sé consecuente con el punto anterior. Cuando cometan un error, alienta el intento, diles que te sientes orgulloso de los que se atreven y toman decisiones.
- Corrige de forma positiva y constructiva, centrándote en lo que tienen que hacer bien, en lugar de lo que tienen que dejar de hacer mal. El cerebro entiende mejor cuando las órdenes se centran en “esto es lo que hay que hacer y de esta manera” en lugar de formularlas en términos “no hagas esto”.
- Enséñales a convivir con la presión, el miedo y la incertidumbre. Enséñales a que sus emociones tienen el valor y el peso que ellos les quieran dar. Puedes hacer un ejercicio basado en el humor. Pide a cada chico que dibuje su miedo, con alguna forma, como la de una nube, una estrella, un monstruo…con boca, ojos y una cara divertida. Que los recorten, y que escriban encima algo así como “soy el miedo de Fran”, y que antes de salir a entrenar o a jugar, lo dejen pegado en la pared del vestuario, o dentro del neceser. Es un acto simbólico que nos aleja de las emociones que nos bloquean y nos permite tomar distancia con ellas. No las eliminamos de nuestras vidas, pero decidimos el protagonista que tienen que tener.
- Enséñales a trabajar con estas preguntas:
o ¿Qué quiero?
o ¿Por qué?
o ¿Para qué?
o ¿Con qué?
Y una vez hayan respondido, simplemente, diles que ACTÚEN. Los niños tienen que encontrar su propia motivación para actuar. Tienen que tener un motivo, un sueño, un objetivo que deseen superar. Si encuentran el suyo en lugar de buscar el tuyo, mejor. Eso se llama motivación intrínseca, y es más estable que la motivación extrínseca.
- Emociónate, dales abrazos y sonríe cuando consigan algo que les ha supuesto un esfuerzo, algo a lo que temían. Diles que te sientes orgulloso, que el trabajo y el esfuerzo tienen premio. Diles que ésta es la forma de superarse. Transmíteles tu entusiasmo…a los niños les encanta agradar y sentirse valorados por sus padres y entrenadores.
- Enséñales a hablarse a sí mismos en términos positivos. No dejes que verbalicen “jo, si es que no te sale nada, qué malo eres”. Diles que hay un idioma especial, que ayuda a conseguir objetivos y que uno se sienta bien. Diles que tienen que animarse “va, va, va, puedes hacerlo, lo seguimos intentado”.
- Enséñales a hablarse a sí mismos en términos positivos. No dejes que verbalicen “jo, si es que no te sale nada, qué malo eres”. Diles que hay un idioma especial, que ayuda a conseguir objetivos y que uno se sienta bien. Diles que tienen que animarse “va, va, va, puedes hacerlo, lo seguimos intentado”.
Salir de la zona de confort es educar en ser valientes, es potenciar la creatividad y valores como el esfuerzo por encima de los resultados. Como entrenador tienes una bonita labor en tus manos si eres capaz de sacar ese “luchador” que llevan dentro. Y solo serán capaces de convertirse en pequeños valientes, si tú depositas tu confianza y apoyo en ellos.
Equivocarse no es un error, el error es no dar un paso al frente y limitarte por miedo a defraudar y sentirte mal.
martes, 24 de diciembre de 2013
lunes, 23 de diciembre de 2013
Salud Campeón
El trabajo del Psicólogo Deportivo no suele ni debería medirse con la vara de los resultados. El mundo del deporte es así de ingrato, sobre todo para los Entrenadores, que se ven sometidos a presiones que, en muchos casos, los desbordan y los sacan de su Eje.
En ese marco, buscar apoyo y capacitación es importantísimo, sobre todo en aquellos temas que no suelen estar en el orden del día en las clínicas y cursos. Invertir en la búsqueda de apoyo y capacitación siempre da frutos, pero no necesariamente resultados visibles en las tablas de posiciones, porque en todos los torneos suele haber un solo ganador.
En ese marco, buscar apoyo y capacitación es importantísimo, sobre todo en aquellos temas que no suelen estar en el orden del día en las clínicas y cursos. Invertir en la búsqueda de apoyo y capacitación siempre da frutos, pero no necesariamente resultados visibles en las tablas de posiciones, porque en todos los torneos suele haber un solo ganador.
Juan Ferreira es uno de los tantos Entrenadores que apostó por el apoyo y la capacitación, y los resultados no le dieron la espalda a su querido Berazategui: Subcampeón Metropolitano y Campeón en la Liga Nacional femenina 2013.
Desde lo personal, da gusto trabajar con gente como el "Gallego": un tipo de convicciones firmes en lo deportivo, pero terriblemente abierto en lo humano, y tal vez allí estuvo una de las claves de una temporada en la cual no bajó del segundo puesto con un Equipo que, a principio de año, más de uno miraba de reojo ante la falta de nombres rutilantes.
A lo largo de esta temporada, Juan salió airoso a la hora de trabajar sobre varias de las frases que tanto complican cuando se trata de formar un Equipo: "Esto es lo estoy buscando", cuando estás en la búsqueda para armar el plantel; "Esto es lo que hay", cuando ya está cerrada la plantilla, tenés que una temporada por delante y encarás la tarea de enamorarte sanamente de tus jugadores; y "vamos hacia allá", cuando el Líder es el encargado de marcar el camino.
Recuerdo que en sus primeras sesiones de trabajo, allá por marzo, Juan me dijo: "Quiero salir campeón", y confieso que lo único que me invitaba a creer que podía ser posible eran su convicción de que podía conseguirlo y su enorme deseo de lograrlo.
Convicción, Deseo y obviamente Capacidad; tres condimentos indispensables en la ensalada del éxito que todo buen Líder debe sazonar con una buena dosis de Paciencia.
A Berazategui le tomó tres finales coronarse Campeón: Subcampeón en el Metro Apertura y en el Clausura, logró recién subirse al primer escalón del podio en la Liga Nacional.
Convicción, Deseo, Capacidad, Paciencia. Las tuvo el "Gallego" y con ellas llegaron los éxitos.
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