miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Dueño o Esclavo de tus Decisiones?

¿DUEÑO O ESCLAVO?
Somos Dueños y Esclavos de Nuestras Decisiones.
Dueños, cuando optamos y tomamos una decisión a conciencia, y Esclavos, cuando esa decisión nos deja en una posición incómoda respecto a lo que hubiera sido correcto o políticamente correcto. Por eso es tan importante aprender a tomar decisiones basadas en el análisis más que en los impulsos, y en los valores más que en las conveniencias, ya
que eso nos garantizará poder estar en paz consigo mismo.
Siempre  hay una decisión, en la vida o en el deporte, involucrando situaciones estrictamente personales o colectivas, con pares o con gente que puede estar por debajo de la cadena de mando.
Mas de una vez, las decisiones basadas estrictamente en impulsos generan incomodidad, rispidez o lamentos. Desde una decisión sencilla como “pasarla o tirarla” o “pasársela a este o aquel”, como a la hora de dar o no un reconocimiento, ascenso o promoción. Y algo similar suele suceder cuando llegamos a la decisión basados en la negligencia o la conveniencia. En la cancha, se ve cuando el jugador “se saca de encima la pelota o la decisión”, o cuando hace cargo al compañero de su error. En la vida  organizacional o situaciones de liderazgo podemos verlo cuando alguien con responsabilidad justifica  su decisión con el “quería hacerlo, pero no pude” o “te lo debía / merecías, pero…”

Somos Dueños de nuestras decisiones, pero cuando no decidimos del todo a conciencia, esas decisiones nos esclavizan. 

martes, 2 de febrero de 2016

Los Valores del Deporte



Hay pocas cosas más lindas que sentir que has inspirado algo en alguien. Ayer escribí una Columna para La Nación acerca del Fútbol y sus valores (publicada hoy en el diario, y subida en este espacio), y medio en broma medio en serio, Iván Basualdo, jugador de ObrasBasket, me mandó su reflexión al respecto, y me gustó tanto, que con su permiso, claro, me animé a compartirla.

Los Valores del Deporte
por Iván Basualdo
Volvía de la cancha con la amargura del partido perdido, pero no me podía sacar de la cabeza la imagen, repetida en varias canchas, del señor que en lugar de festejar el esfuerzo de su equipo gasta el tiempo en insultarnos de camino al vestuario. El buen hombre, que parecía de verdad odiarnos, nos gritaba deformado de euforia a dos metros de distancia, con la impunidad que le dan estar del otro lado de la baranda y no mirarnos a los ojos.
En ese momento pensaba que me rehuso a "cederle el derecho" por pagar una entrada de creerse en una especie de circo romano, convirtiéndonos en animales. Me rehuso a desligarlo de su cualidad de humano, a convertirlo a él en animal, por haber pagado una entrada.
Entonces llegamos al hotel y vemos la pelea entre los jugadores de Gimnasia y Estudiantes (profesionales, posibles compañeros) y me dio vergüenza. Los animales estamos de los dos lados de la baranda, ¿por qué no? Es mito que el jugador vive en una burbuja; se desarrolla en el mismo entorno que el resto, consumimos lo mismo.
Escucho la justificación "son cosas del fútbol" y me da más vergüenza. Lo único que pude hacer en mi caso fue devolverle la mirada, hacerle el gesto de que no era necesario. Entiendo que puede haber distintas situaciones o circunstancias -adentro y afuera- pero nada justifica tal grado de deshumanización. Es mi trabajo, es mi responsabilidad, es lo que decidí hacer con mi vida por estos años, me lo tomo con el dramatismo con el que todo esto suena; pero antes que todo, antes que nada, sigue siendo un juego.
"Lo felicito señor, -lo tendría que haber saludado y hasta le tendría que haber dado la mano-, disfrute de su equipo, vaya a su casa, alégrese por la victoria, yo voy a tratar de pasar la derrota"; y si no lo despertaba del trance por lo menos hubiera podido mantener mi esencia de persona, aunque hoy esté pisando la arena.
Me acuerdo de la película "Gladiador", y veo lo cerca que estamos, después de tanto tiempo y habiéndola visto tantas veces, de un concepto de diversión que por lo menos yo, pensaba tan lejano…

Columna en Diario La Nación

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El fútbol 

perdió los valores

PARA LA NACION


MARTES 02 DE FEBRERO DE 2016


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El fútbol está inmerso dentro de un marco social, y sería injusto e inapropiado hacer cualquier tipo de análisis sin tener esto en consideración. No se trata de justificar lo injustificable, pero si hay violencia e inseguridad en las calles, o hasta en las redes sociales cuando se cruzan pensamientos o posturas diferentes, ¿por qué pensar que en el fútbol, donde las pasiones exacerbadas atentan directamente contra la capacidad de reflexión y pensamiento, las cosas debieran ser diferentes?
Ya no importa si el papelón fue un torneo amistoso o por los puntos, porque lo sucedido en Mar del Plata no tiene justificación ni aún en la final de un Mundial. Es un papelón y punto.
Se podrá hablar de presiones, de tensiones al límite producto de la lucha por el puesto, de pulsaciones arriba de lo normal porque era un clásico y demás, pero ningún argumento justificará lo sucedido.
El tema se bifurca. Cuáles son las verdaderas razones, o por dónde buscar causas a partir de las cuales encontrar soluciones. Y lo cierto es que el problema es de valores, valores que ha perdido la sociedad, y valores que, en esta metamorfosis mercantilista ha perdido el mundo del fútbol, que se ha convertido en un espacio en el que todo vale para llegar, y en el que se invierte poco en enseñarles a los chicos acerca del manejo de las presiones, el control emocional y demás. Claro que para ello es más que necesario que esos contenidos bajen desde entrenadores y dirigentes formados a tal efecto, y de padres abocados a formar y educar en lugar de a sembrar un crack que se convierta en la salvación de la familia.
La violencia y este tipo de manifestaciones y desbordes se combaten con educación y formación. No basta con enseñarle a pegarle con las dos piernas o a cabecear bien si no trabajamos profundamente sobre la formación de la persona que se pone la camiseta del club. A mejor persona... mejor jugador.
Psicólogo deportivo en Vélez (fútbol) y en Obras (básquetbol)

sábado, 9 de enero de 2016

La Fatiga Cognitiva


Interesante artículo de Dani Fernández en Perarnau Magazine,  apuntando a un tema que en muchísimas situaciones se suele dejar de lado: La Fatiga Cognitiva.


 “Cuando hablamos de intensidad, hablamos de intensidad de concentración, porque jugar es fundamentalmente pensar y pensar exige concentración. Y si hablamos de un juego de calidad, hablamos de pensar teniendo en cuenta un referente colectivo -determinados principios de juego- y eso exige aún más concentración. No es por eso de extrañar que la fatiga táctica (cognitiva) surja antes que la fatiga física.” (Rui Faria, preparador físico del Real Madrid).

Hace unos días, durante el post-partido de Champions League entre FC Barcelona y Chelsea, Juanma Lillo utilizó la expresión “fatiga cognitiva” para tratar de explicar qué le había ocurrido al conjunto culé en la eliminatoria ante el cuadro británico. Rápidamente, a través de las redes sociales, se agitó el debate sobre dicho concepto. Al margen de las opiniones más ignorantes, algunas de ellas escritas con muy mala intención, pude comprobar que existía un gran desconocimiento sobre el término usado por el entrenador donostiarra.
Lillo, decir que Lillo negó que la derrota se debiera al cansancio y, en todo caso, dijo que cabía atribuirla a la fatiga cognitiva. El término fatiga cognitiva es usado desde hace tiempo en el ámbito de la ciencia y, en particular, en el terreno de la psicología cognitiva, la laboral y en el ámbito del aprendizaje.

CARGA COGNITIVA

Para entender el concepto de Fatiga Cognitiva, primero debemos entender el concepto de Carga Cognitiva. La carga cognitiva viene marcada por diversas ideas:

  • Complejidad o dificultad de la tarea. Cuando el jugador, ser humano, se enfrenta a tareas de mucha dificultad o complejidad (interacción de muchos elementos a la vez). En este tipo de situaciones, el sujeto se enfrenta a una mayor demanda de recursos cognitivos.
  • Enfrentarse a situaciones de demanda emocional o de estrés alto. Situaciones desconocidas, de enorme importancia, donde el sujeto enfrenta sus conocimientos (o hábitos) a situaciones de enorme complejidad. En el caso que nos ocupa, un partido de fútbol de enorme transcendencia como el que el cuadro culé disputaba. También podemos entender dicha idea pensando en los casos de familiares de personas que se enfrentan a una enfermedad larga y dura.
    Los equipos de fútbol de alto rendimiento tienen en cuenta el concepto de carga cognitiva, así como tienen en cuenta la carga condicional. El objetivo es que la aparición de la fatiga, sea de tipo mental/cognitivo o condicional, se retrase o, si se puede, no aparezca.
    Los Cuerpos Técnicos controlan los niveles de carga cognitiva de la siguiente manera:

1.       Cuantificación de la carga cognitiva de las diferentes tareas. Cuando las tareas son más especificas, es decir contienen más elementos del modelo de juego, existe más complejidad, la tarea tiene una exigencia mayor.

2.       Desconocimiento de la tarea. Cuando el jugador se enfrenta a conceptos de juego muy complejos o desconocidos, se produce un mayor desgaste cognitivo. Como afirma José Mourinho: “La concentración de los jugadores puede y debe ser entrenada. ¿Cómo? Creando ejercicios que exijan esa concentración. Ejercicios en los que los jugadores se vean obligados a pensar, a comunicarse entre sí; ejercicios de complejidad creciente que les obliguen a una concentración permanente. Por eso, los ejercicios no pueden ser demasiado fáciles y cuando los jugadores ya consiguen resolver los problemas que les plantean, tengo que buscar otros nuevos”.

3.       Los días posteriores o anteriores a la competición no se usan tareas muy complejas o nuevas, evitando así que el jugador llegue cansado emocionalmente o cognitivamente a la competición.

4.       Los días de uso de tareas de mayor exigencia cognitiva son los más alejados a la competición. Como afirma José Mourinho: “Es importante, a medida que nos aproximamos al día del partido, que el entrenamiento vaya disminuyendo en términos de densidad en lo que se dice, por ejemplo, a las exigencias de concentración. La fatiga del sistema nervioso central es decisiva y, cuanto más nos aproximamos a la competición, menos debemos buscar ejercicios exigentes a ese nivel”.

5.       Diversos estudios nos avisan de que, cognitivamente, los jugadores no están recuperados hasta después de tres días de disputar la competición. En este mismo sentido se expresa de nuevo Mourinho: “Cuando la semana tiene un solo partido doy descanso al día siguiente del partido. Yo sé que desde el punto de vista fisiológico se dice que no es lo más correcto, pero sí lo es desde un punto de vista mental. (…) Es mejor para el “cuerpo” pero peor para la cabeza. ¡Y tenemos que ver esta cuestión desde un punto de vista global!”.

6.       Los jugadores poco acostumbrados a entrenar en especificidad o al estrés alto que genera la alta competición pueden verse afectados por esta fatiga de tipo cognitivo e, incluso, sufrir lesiones de tipo muscular.


EJEMPLO DE LA CUANTIFICACIÓN DE LA CARGA COGNITIVA DE LAS SITUACIONES DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE EN FUTBOL

“Una de las cosas que hace el entrenamiento sea más intenso -cuando se habla de intensidad, se habla normalmente de desgaste energético- es la concentración decisional exigida. Por ejemplo, correr por correr implica un desgaste energético natural, pero la complejidad del ejercicio es nula y, como tal, el desgaste a nivel emocional tiende a ser nulo también. Las situaciones complejas, en las que se basa el crecimiento de la organización de juego, exigen a los jugadores requisitos tácticos, técnicos, psicológicos y físicos. Es eso lo que aumenta la complejidad del ejercicio y conduce a una concentración mayor”. (Oliveira, Resende, Amieiro y Barreto: “Mourinho ¿Por qué tantas victorias?” 2007).

COMPRENDER LA FATIGA COGNITIVA Y LA CONDICIONAL

Debemos comprender que ambos tipos de fatiga se encuentran interrelacionados, están conectados el uno con el otro.

Entendemos que cualquier equipo de alto rendimiento sometido a un entrenamiento continuo y de calidad está capacitado para resistir desde un punto de vista fisiológico a las demandas que le plantea el juego. Pero las exigencias que demanda la competición de máximo nivel en términos mentales/emocionales son altísimas y me atrevo a decir que determinantes. Estar en un estado de concentración máximo, atender a estímulos concretos en momentos concretos, responder de manera colectiva a una situación de juego… y el hecho competitivo. Tener que ganar y ganar, y ganar… y todo esto a veces jugando cada tres días. Por eso considero que tiene mucha razón el compañero Francisco Beltrán cuando habla del mérito que tienen los equipos que disputan todas las competiciones hasta el final.

Para combatir dicha fatiga, desde el libro anteriormente citado, se nos habla de la importancia de los hábitos, es decir de hacer inconsciente lo que antes era consciente. Dicho en otras palabras, que lo que antes me exigía pensar en cómo resolverlo, ahora surja de mi de forma natural. Imagínense, si todos nosotros debiéramos pensar cada día, al levantarnos, en todas las acciones que acometemos de forma inconsciente: lavarnos los dientes, conducir, vestirnos… Si el cerebro no hubiese construido esos atajos, el estrés que deberíamos soportar sería enorme.

¿LE AFECTÓ LA FATIGA COGNITVA AL BARCELONA?


“Al leer un libro, al cabo de unas horas tenemos que descansar, pero si no estamos acostumbrados a leer nos dolerá la cabeza todo el día. Es fundamentalmente un problema de hábito. Porque el hábito es un saber hacer que se adquiere en la acción. En este caso, leyendo”. (Oliveira, Amieiro, Resende, Barreto).

Si tenemos en cuenta lo escrito, podemos entender mejor lo expuesto por Lillo.

Hemos de entender que el FC Barcelona lleva 4 años de máximo desgaste en todos los sentidos y ha disputado hasta el final todas las competiciones en que ha participado; incluso en las que no ha conseguido el triunfo final ha alcanzado las ultimas rondas.

Hemos de atender también al hecho de que estos jugadores se enfrentan a constantes partidos, a veces cada tres días, y que incluso en los periodos de descanso juegan con sus respectivas selecciones las principales competiciones.

Otro factor importante es la alta complejidad del modelo de juego que propugna el FC Barcelona, donde los jugadores se enfrentan a un alto nivel de organización y la creatividad y capacidad de tomar decisiones correctas es fundamental para el éxito del mismo.

Sin olvidar, además, que el conjunto azulgrana venía de jugar un partido de un altísimo desgaste emocional 72 horas antes contra el Real Madrid, donde ambos conjuntos se disputaban el titulo.

Por lo tanto, si tenemos en cuenta todos estos factores, es normal y perfectamente comprensible que el Barça sufriera un proceso de desgaste cognitivo, de fatiga, que, cuidado, por sí solo no explica el triunfo o fracaso en la competición. Pocas horas después asistíamos a la eliminación del Real Madrid ante el Bayern y en este caso era Mourinho quien hablaba del calendario. Entendemos desde aquí que el portugués, con otras palabras, se refería al tremendo desgaste que había sufrido su equipo desde el punto de vista mental.

Si nos escapamos del ámbito del fútbol o el deporte de alta competición, cualquiera de nosotros, cuando nos vemos sometidos a un estrés importante, a situaciones que se escapan a la rutina, nos vemos sumergidos en un cansancio que no nos permite dar lo mejor de nosotros mismos. Eso es la Fatiga Cognitiva.


lunes, 14 de diciembre de 2015

La Lectura Correcta

En la cancha siempre "está pasando algo", pero si tu lectura de juego se empaña de emociones, la efectividad en la toma de decisiones peligra.
Dicho así hasta suena fácil, pero lo cierto es que no lo es tanto, ya que las emociones, en algo tan visceral como el deporte, siempre suelen estar a flor de piel listas para complicarnos la existencia.
La famosa “lectura de juego” se empaña de emociones cuando las cosas salen mal, porque las urgencias empiezan a jugarnos en contra subiendo los niveles de ansiedad o atentando contra nuestra autoestima dentro de la cancha. Pero también se empaña y confunde cuando las cosas salen bien, ya que tener los niveles de ego por las nubes suele ponernos al borde de esa sensación de “todo lo puedo” que se torna peligrosa cuando indirectamente contribuye a que nos olvidemos de los compañeros de ruta o de los riesgos que entraña el rival que tenemos delante. Creérsela es  bueno, claro, pero como todo, siempre de los límites aconsejables o manejables.
El tema es que, tratándose de personas, no hay una vara confiable para medir este tipo de cosas. Las emociones son algo muy personal, ya que todos las vivimos de manera diferente. Por eso, la clave, si es que hay una, es la autoexploración, mirar para adentro, conocerte, para aprender cómo hacer jugar a las emociones a tu favor, y no en tu contra durante un momento tan crucial como la competencia, y por qué no, el entrenamiento.
Un deportista / entrenador enojado suele tomar decisiones por despecho o caer en el capricho. Un deportista / entrenador asustado o presionado suele buscar su manotazo de ahogado en recetas preconcebidas buscando soluciones mágicas. Y, sabemos, que en la gran mayoría de los casos, ese tipo de decisiones basadas en una respuesta puramente emocional, no te llevan a buen puerto, o al menos no tienen una base sólida que pueda ser avalada por las estadísticas en cuanto a su efectividad.
El Equilibrio Emocional es clave para lograr una correcta Lectura de Juego, en la cancha, en el manejo del grupo… en la vida misma. Y ese tan mentado Equilibrio Emocional no se hereda, no viene por arte de magia ni depende exclusivamente de situaciones externas. Es propio, viene de adentro, y se puede manejar, construir y cuidar.

¿Por qué seguir dando ventaja cuando se puede buscar herramientas para rendir mejor?

lunes, 19 de octubre de 2015

El Plan B


En los tiempos que corren, en los cuales tanto el deporte profesional como el formativo se han vuelto una olla de urgencias y presiones, son cada vez más los chicos y chicas que se meten tanto en su actividad, al punto de perder peligrosamente vínculo con lo que está fuera de su microclima deportivo.
El mandato con olor a amenaza dice que “la carrera es corta”, y subidos a ese tren, los jóvenes deportistas suelen meterse en una especie de cuarto cerrado en el que solo vale o importa todo aquello que tiene que ver con lo que supuestamente les dará más “chances de llegar”. Entonces, de chicos (cada vez más chicos) empiezan a llevar vida de profesionales, en la que el colegio, incluso, empieza a jugar un papel secundario, en muchos casos avalado por los propios padres.
Algún entrenador, queriendo o sin quererlo, le metió una fichita a los padres: “el nene/a tiene condiciones”, a lo que seguramente vino luego que “si trabaja duro puede llegar”, y Papá y Mamá, por el motivo que sea (necesidades económicas, el deseo que su hijo tenga un futuro promisorio o solo un presente alejado de los flagelos sociales), compraron, contribuyendo al encierro al que hacía mención en el párrafo anterior. El novel deportista, entonces, empieza a tener vía libre para poner el deporte por delante de cualquier cosa. Algunos padres exigen terminar la secundaria, pero esa exigencia suele diluirse o ser solamente eso, algo que hay que hacer sin convicción, solo por cumplir. El chico/a cumple, y en muchos casos la termina, pero no hay en su cabecita más planes que jugar, ser profesional… Las apetencias intelectuales se reducen, su vida va del club o el entrenamiento a las redes sociales, y el mundo interno y externo empiezan a reducirse peligrosamente.
En muchos casos, esta conducta llega a ser bien vista: “es sano, responsable, se cuida mucho”, pero desde lo emocional / intelectual tal vez no lo es tanto, porque ese encierro provoca que no haya más planes que triunfar, y las urgencias llevan a que esa necesidad de triunfar sea hoy, cada fin de semana, en cada entrenamiento, y entonces las presiones se acrecientan, y cada mal partido o incluso una mala práctica, suele devolvernos una persona difícil de tratar, ya que las emociones (frustración, bronca, depresión, etc.) salen a flor de piel, muchas veces justificadas por un entorno complaciente, que la suele jugar de comprensivo ante el pichón de crack que está mal porque tuvo un mal día.
Suena exagerado, pero con las variaciones del caso, es algo que se ve en miles y miles de casas de pequeños pichones de cracks, muchos de los cuales, ni siquiera llegaran a probar las mieles del éxito.
¿Duro? Sí, pero real. Entrenar, actualizarse, mirar partidos, ir al gimnasio y hasta ir al psicólogo deportivo es bueno, pero si tu mundo solo se reduce a tu vida deportiva, las posibilidades de encontrar felicidad más allá de la cancha o la competencia se reducen mucho, y tus posibilidades de pasarla bien o ser feliz empiezan a depender del resultado deportivo y…
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La moraleja, para chicos y grandes, es que hay vida más allá del deporte o fuera del club, y no hay nada más sano que tener o buscar otras apetencias o actividades que puedan servirte para aprender, crecer o simplemente como escape o cable a tierra para cuando las cosas no te salieron como querías en la cancha.
Tener un Plan B abre tu cabeza hacia horizontes superiores. Mejora la persona que está debajo del uniforme deportivo, y cuanto mejor es la Persona, mejor será el Jugador. Y te aseguro que la ecuación no falla.

Nota en FEBAMBA

La Psicología Avanza

Por Emilio Hamilton

Diorio

En los últimos tiempos, la psicología comenzó a tomar cada vez más valor en las organizaciones deportivas. De ser una intrusa y, en ocasiones, muy mal vista, pasó a ser clave para entender las etapas madurativas que atraviesa un deportista. Germán Diorio, quien trabaja con Vélez en el fútbol y Obras Basket, es una eminencia en la materia, y explica en una extensa charla las situaciones que viven los chicos, los profesionales y los entrenadores. Para él, la clave está en enseñar tanto a ganar como a perder, para tratar de empezar a dejar de lado las presiones y disfrutar más. Y deja una frase que pinta perfecto la temática: “Si Michael Jordan erró el 50 por ciento de los lanzamientos que tiró en toda su carrera, ¿qué queda para los demás?”.
– ¿Cuáles son las principales trabas que encontrás cuando hablás con los chicos?
– En realidad se hace muy difícil hablar de principales trabas, porque hay un montón en todos los órdenes de la vida. En el básquet, desde que el deporte explotó hacia resultados deportivos importantes, a la irrupción de la NBA y la aparición del dinero, empezaron a generarse presiones que veíamos habitualmente en el fútbol y en otros deportes. Chicos que quieren parecerse a, padres que quieren que sus hijos se parezcan a, y chicos que quieren alcanzar un desarrollo deportivo para el que pueden o no estar en condiciones. Esas presiones implican que se carguen una mochila muy pesada. En términos sencillos, lo que hace es que empiecen a presionarse demasiado por conseguir resultados individuales o colectivos y se vayan alejando demasiado del disfrute que necesitan. Cuando eso pasa, empiezan a jugar peor y a alejarse del sueño de llegar a ser deportistas.
– ¿La situación varía depende el deporte que sea?
– Cada deporte es un mundo, porque tiene su núcleo social y sus espejos. Hay diferentes situaciones y condimentos de acuerdo a cada actividad deportiva y al momento de cada una de ellas.
– ¿Lo mental es cada vez más decisivo en el deporte?
– Sí. Si yo te dijera que no, estaría atentando contra mis posibilidades de trabajo, pero sí, está claro, sobre todo con lo que ha cambiado el paradigma del deportista exitoso de hoy. Yendo al fútbol, que es el deporte más popular, el paradigma más exitoso del mundo era Maradona. Y Diego estuvo rodeado de un montón de carencias y de situaciones donde el profesionalismo queda muy de costado y donde el talento se impone a cuestiones físicas, a adicciones y a un montón de cosas más. La contracara de hoy es Messi, quien tiene un perfil bajo y muchos cuidados personales. El paradigma del deportista cambió muchísimo, y a partir de ahí lo que importa son dos cosas que tienen que ver con lo mental. Una es la cabeza que controla al tipo que va a tomar decisiones, como hacer una dieta, alejarse de los problemas o tomar diversos recaudos que lo van a llevar a hacer alto rendimiento. Y después está el plus del tipo que tiene la capacidad de decidir a velocidad y de manera efectiva.
– En el caso del básquetbol, si tuvieras que hacer un top tres de estímulos negativos que pueden llegar a frustrar al chico, ¿cuáles serían?
– El factor de presión es muy importante. Creo que es lo que está arriba de todo. Me pasa en el consultorio con todos los deportes. Llegan chicos cada vez más chicos que no disfrutan del juego. Y no lo hacen porque quieren rendir o responderle a alguien, a veces a un entrenador no preparado que le exige más de lo que debería en una etapa pedagógica complicada o a un padre que quiere ser más exitoso que el de al lado. También pasa que a los chicos les ponen objetivos que no corresponden, como premios por hacer diez o más puntos por ejemplo. Así hay un montón de situaciones. Son chicos que sufren una presión muy alta.
-¿Esas presiones que surgen pueden tener que ver con una sociedad que es exitista por demás?
-En principio sí. Y en segundo lugar tiene que ver con que los padres nos proyectamos en nuestros hijos, ya sean anhelos o frustraciones. Hay padres que no jugaron al básquet o no hicieron deporte pero igual tuvieron frustraciones en otras situaciones y quieren que su hijo cumpla metas en otros órdenes de la vida. Le pasa al que fue albañil, taxista, almacenero o comerciante y quiere que el chico tenga un título universitario.
– ¿Cómo se hace para modificar esa situación desde tu lugar?
– En lo individual, yo trato de trabajar para que el chico se desarrolle a sí mismo. Generalmente, cuando caen en el consultorio vienen de la mano de los padres. Lo que yo trato de hacer es un diagnóstico para conocer el estado de la situación. Sin la complicidad de los padres no se puede trabajar, por lo que muchas veces tuve que decirles que primero solucionen el problema entre ellos para luego traer al chico. Si no, no sirve. Cuando me toca trabajar en los clubes lo que hago es ubicar al chico en el marco y tratar de trabajar para que tenga un desarrollo personal dentro del contexto deportivo. Todo para que sea lo más feliz que pueda dentro de esa maquinaria que se le presenta.
-¿Con qué te encontrás en los jugadores profesionales?
-Con lo mismo pero siete u ocho años más adelante. Lo que uno no aprende de chico, a la larga lo sufre de grande. Yo me encuentro con deportistas de entre 25 y 35 años que a veces no saben enfocarse, no tienen claro como motivarse, dependen demasiado del qué dirán la tribuna y el periodismo y sus niveles de confianza todavía dependen de si lo pone o no el entrenador. Hay una cuestión de identidad deportiva que no se trabaja con los chicos. Cuando agarro chicos busco que desarrollen la identidad o la personalidad deportiva, cosas que van ligadas de lo personal de cada uno. Siempre digo que la persona es más importante que el deportista. Si el chico crece y se fortalece, el producto deportivo será mejor. Lo cierto es que no hay trabajo de ese tipo porque los tiempos en el deporte son cada vez más cortos. Todos quieren ganar, conseguir cosas y proyectar jugadores y no se respetan las etapas madurativas.
– ¿Eso hace que tengas que recurrir a la historia del profesional para ver qué sucedió?
-Depende. A veces es tomar el problema del momento para ver cómo lo solucionás. Esas son cuestiones conductuales. Por ejemplo, siempre es más fácil aprender a manejar a los 18 años que a los 35. Es una cuestión de adaptación. Si un chico aprende a no sufrir presión a los 14, a los 25, cuando haya un estadio con 60 mil personas puteándolo, no le va a importar. Va a asimilar la situación de otra manera y sabrá enfocarse más allá de los gritos del público.
– ¿La presión que se da en las categorías juveniles de fútbol se está trasladando cada vez más al básquetbol?
-Sí. Eso es muy nocivo para el chico, porque cuando empieza a hacer su camino necesita ir generando su propio concepto en cuanto a aprender cuando juega bien o mal. Pero cuando hay mucho ruido el chico se distrae. Entonces, a veces el pibe está jugando bien y el entrenador está contento, pero como los padres gritan él se va por las nubes. También hay aspectos de autoridad básicos y muy sencillos. Los padres le piden a sus hijos que respeten las cosas en la mesa y sean educados con otras cosas, y después son los mismos mayores los que putean a un árbitro o los expulsan por hacer un papelón en el medio de la cancha. Así, el chico pasa vergüenza. Y si no le genera nada y le parece floclórico lo del padre, él lo hará también cuando sea grande. Lo que ha cambiado es el concepto educativo. El gran problema no es del deporte, sino de lo social.
– ¿Hay que empezar a cambiar también un poco el vocabulario para hablar con los chicos? Es muy frecuente que se les pregunte si ganaron en lugar de si disfrutaron.
– Sí, eso pasa mucho. Los padres a veces le preguntan si ganó y jugo bien, y eso tiene que ver con el rendimiento. Pasa que el pibe se lleva una materia en el colegio porque algo le está pasando, o no juega al básquet porque no está cumpliendo algunas cosas. Pero así como antes los padres prestaban mucha más atención a las cosas que venían del colegio porque tenían un respeto mayor por los docentes, en el deporte pasa lo mismo. El entrenador no pone al nene y el padre se enoja, pero no se da cuenta que llega tarde a entrenar, se escapa del trabajo físico, tiene un mal comportamiento, no pone la actitud de otros o, simplemente, no es tan bueno. Inevitablemente, todos los padres creemos que nuestros hijos son fenómenos. Es natural, uno ama a sus hijos.
– ¿Existe la presión buena, bien entendida?
– Por supuesto, es la que se pone cada uno para conseguir resultados.
– ¿Puede venir del contexto también?
– Claro, puede llegar del marco cuando tiene una cuestión sana. Pasa que hoy no hay presión sana que venga de ningún lado, porque el exitismo hace que si no ganás no servís. Y si no servís, sufrís.
– ¿Y qué pasa con los entrenadores a la hora de llevar adelante un grupo?
– Últimamente estoy trabajando mucho con entrenadores, dando clínicas y cursos. Suelo ir siempre a las charlas de ENEBA a trabajar módulos específicos. Uno de los grandes problemas que aparecen es que el entrenador sabe mucho de básquet pero poco de manejo humano. La gestión de personas es muy importante. Si vos escuchás a grandes técnicos como Lamas, Duró, Hernández o Magnano, ellos hablan mucho del valor de la gestión y de cómo conducir un grupo. Después a eso le aplican básquet. Pero todavía no se le da tanta importancia en el proceso formativo. Cuando el grupo humano es bueno, las posibilidades de éxito son mucho mayores.