viernes, 17 de abril de 2015

Causa y Efecto

El deportista, sabemos, esconde una persona debajo del uniforme deportivo. Una persona que, aunque a muchos les cueste creerlo, influye de manera decisiva sobre el rendimiento del deportista en cuestión. Alguno pensará “obvio”, pero es casi una regla que, al ponenos los botines, las zapatillas o la ropa deportiva, muchas veces caigamos en el error de olvidar o no tener presente eso que, en frío, nos parece obvio: Somos personas, con una vida que va mas alla de lo estrictamente deportivo.
El tema es que, uno de los vicios más comunes en los deportistas de alta competencia es hacer girar TODA su vida en derredor de la actividad deportiva. El deportista viene programado con el chip de la carrera corta, y por ende entiende que debe vivirla intensamente, y si bien eso es en cierta forma así, en ninguna página del manual dice que hay que vivir solamente para el deporte.

Resultado de imagen para deportista felizAprender a separar el profesional de la persona, especialmente en el aspecto emocional, es vital para que el profesional pueda rendir a pleno a partir de aprender esquivar o sortear de manera efectiva los momentos negativos que suelen venir de la mano de los resultados desfavorables o los contratiempos que suelen presentarse en las temporadas o competencias.
Es muy común encontrarnos con deportistas que sostienen que cuando juegan bien, todo fluye en su vida personal, en tanto que cuando deportivamente les va mal o no tan bien, todo su mundo relacional y si vida privada empiezan a sufrir trastornos de algún tipo.
El resultado manda, y el foco está tan puesto en el trabajo (deporte) que ese “cuando juego mal me va mal” se traslada a los entrenamientos, al punto que una mala practica suele tener como correlato una mala tarde en casa.
En términos de causa y efecto, a un mal entrenamiento le siguen momentos desagradables, porque en lugar ir a casa a buscar consuelo o un cambio de clima, el malhumor suele gobernarnos y ponernos ante la incómoda situación de pasarla mal, como si lo que buscáramos fuera una especie de autocastigo por el mal desempeño. Entonces nos pasamos el tiempo hasta la próxima practica / partidos sumidos en pensamientos negativos, comemos mal y descansamos peor, como si eso fuera a garantizarnos que al otro día vamos a rendir como deseamos.
¿Entonces? El problema pasa porque tenemos las polaridades / prioridades invertidas. No se trata de Juego Bien – Estoy Bien, sino de tratar de aprender a estar Bien en mi vida personal, para poder rendir bien en el deporte.
En términos matemáticos, un entrenamiento de 3, 4 o 5 horas no tendría que tener el poder de condicionarnos para el resto del día. Se trata de aprender a dar vuelta la pagina, despojarnos de las emociones negativas que nos dejó el mal momento (entrenamiento o partido) para luego buscar las razones que nos llevaron a rendir lejos de lo esperado, para así, con tranquilidad, generar estímulos que nos sirvan para provocar el cambio.

En términos mas profundos, gobernar nuestra vida mas allá de los resultados, en lugar de dejar que los resultados gobiernen nuestra vida.

Si jugué o me fue mal, es mucho mas saludable buscar en casa o mi vida personal, elementos que me permitan despejarme, limpiarme de las emociones negativas y cargarme con emociones positivas, para así poder descansar y reciclar la cabeza para ir a la próxima practica o partido en condiciones de rendir bien.
Por eso es tan importante evitar el “Vivo para Trabajar” que suele marcar la vida de los deportistas. Disfrutar de la vida mas allá del deporte es casi tan importante como cuidar el cuerpo o entrenarse, ya que si debajo del uniforme hay una persona, si esa persona está feliz, seguramente va a rendir mucho mejor que una que no lo está.

Se trata de cuidar tu vida personal y de relaciones para poder encontrar en ella el descanso necesario para reponer fuerzas cuando las cosas no salen. De allí que sea tan importante encontrar tus momentos de paz, diversión y crecimiento, más allá de lo estrictamente deportivo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Recuperando La Confianza

Más de una vez te habrá pasado tener un partido para el olvido, de esos en los que no sale una y en los que hasta parece que perdiste tus habilidades básicas. Las frases para graficarlos suelen ser tan crueles como graciosas: “¿te olvidaste las manos?”, “la pateaste”, “tenías los botines cambiados”, y así hasta agotar el ingenio popular.
Y si, somos humanos y no siempre rendimos igual. Hoy entran todas y mañana ni una, hoy no nos pasa nadie y mañana tal vez no paramos ni el colectivo. Los vaivenes son parte de la condición humana, pero así como vienen y se presentan sin avisar como una visita molesta e indeseada, también podemos trabajar para darles salida y volver a meternos en nuestro eje natural. A veces las cosas no salen, y el mayor problema que se nos presenta en ese tipo de situaciones está, obviamente, dentro de nosotros (¿dónde sino?).
El primer escollo a sortear luego de un mal partido es el autorreproche. La mayoría, aunque parezca mentira, parece disfrutar sobremanera del autocastigo, y así nos encontramos horas y horas enredados en una seguidilla de lamentos por las ocasiones desperdiciadas, con el “si hubiera hecho… la historia habría sido distinta”. Todos, en mayor o menor medida, soñamos con ser artífices de algo importante, por eso es que cuando perdemos y nos toca jugar mal, solemos adueñarnos del centro de la escena haciéndonos cargo no solo de nuestros errores, sino llenando la mochila propia con las fallas de todo el equipo.
Por si esto fuera poco, el entorno tampoco suele ser de ayuda para salir de estos trances. En las competencias cortas, donde compartimos habitación, se suele compartir la sesión de lamentos con el compañero de equipo, potenciando inconscientemente la onda expansiva que nos envuelve. Y la cosa no varía mucho cuando volvemos a casa, porque allí,  como nos quieren mucho, generalmente tratan de ayudarnos haciéndonos ver que nuestros errores fueron culpa del entrenador que nos mandó a hacer tal o cual cosa, o de los compañeros que no nos acompañaron como hubiéramos necesitado. Ni hablar de aquellos casos en los que el entorno se pone en exigente, y nos da palos a mansalva, como si uno fuera Maradona, Jordan o Federer o Messi, en lugar de un humilde mortal, ¿no?
Por eso es que, en la mayoría de los casos, el entorno, muy a pesar de su buena voluntad, no suele ser el agente contenedor que realmente estamos necesitando, y aunque suene feo, lo que nos hace falta es alejarnos del ruido, para volver a las fuentes.
En definitiva, el que jugó mal fue uno, no el entorno, y la respuesta para dejar atrás el mal trago y volver a retomar la buena senda, no es otro que uno mismo.
Se ve fácil sentado frente el teclado, ¿no? Pero aquí van un par de claves para tratar de forzar ese anhelado reencuentro con nuestra mejor cara luego de un mal partido:
-         Autocrítica: sin ella es imposible, primero, darse cuenta de los errores cometidos, y por ende, es difícil saber que es lo que uno debe corregir o cambiar. Pero atenti, la autocrítica debe ser objetiva, nunca descarnada ni feroz. Autocritica, Nunca Autocastigo.
-         Busqueda Interior: Más allá de lo colectivo, el que tuvo la mala noche fui yo, y la respuesta para conseguir una rápida recuperación está dentro mio, por lo que es vital apagar lo antes posible la radio del entorno, para buscar en mi interior la llave para olvidar y reenfocarme con mi mejor cara deportiva. La catarsis o descarga es buena, pero cuando necesitamos recuperarnos rápidamente tenemos que ponerle un  límite, porque corremos el riesgo de pasarnos la noche en vela llorando sobre la leche derramada.
-         Reenfocarnos: Pensar “si le hubiera pegado así…” o “tendría que haber…” es importante, porque está en el marco de la tan mentada autocrítica, pero una vez encontrada la supuesta falla, hay que trabajar para “volver a ser”, y para ello, hay que dejar atrás la sesión de lamento y autocastigo para dar paso a la reconstrucción.
Para la etapa de autocritica te recomiendo que busques un interlocutor válido, y con esto apunto a que no sirve rodearse de un entorno adulador que te diga que está todo bien y la culpa es de los otros, ni tampoco de compañeros o gente que te tire muy abajo echándote la culpa de todo. Y fundamentalmente, ponele un tiempo, para evitar pasarte de rosca con la sesión de lamento y evaluación, porque eso te consume energía que vas a necesitar para la reconstrucción.
Mientras que para la búsqueda interior y ponerte en foco nuevamente, es tan sencillo como efectivo meterte para adentro y vivenciar situaciones de juego que nos hayan dejado sensaciones agradables: un buen partido, una buena sesión de entrenamiento, un triunfo memorable, lo que más te guste. Podés ayudarte con algún tema músical que te ponga bien o te traiga algún recuerdo puntual relacionado con la actividad deportiva o el momento que estás visualizando, y si lo hacés en una atmósfera tranquila (recostado tal vez) y luego de un par de minutos de relajación (con bajar el ritmo de la respiración alcanza) mucho mejor.

Solo es cuestión de intentar…

lunes, 23 de febrero de 2015

Las Excusas No Se Televisan

La frase es vieja, conocida y viene a cuento de una mala costumbre que solemos ver seguido en la comunidad deportiva: buscar excusas o razones mágicas para justificar una derrota o un mal desempeño.
En  el mundo deportivo todavía siguen fuertemente arraigadas creencias que responsabilizan a la suerte o factores mágicos por gran parte de sus resultados. Echarle la culpa a la suerte es, en primer lugar, deslindar gran parte de tus responsabilidades en lo que esta sucediendo  o estas produciendo. Ante una racha negativa, se suele escuchar la archiconocida frase “estamos orinados por un elefante”, y si bien la sentencia tiene mucho de folclórico, lo cierto es que generalmente suele servir de paliativo para el dolor que nos provoca la derrota, y es sabido que los paliativos son, solamente, paliativos.
Curan o calman un  síntoma, en este caso el dolor que causa perder un juego o una mala actuación, pero difícilmente ataquen la verdadera causa que nos puso en la incómoda situación que estamos viviendo. Perdemos, nos duele, le echamos la culpa al pobre elefante, al mufa que nos vino a ver o vaya a saber a que más, y damos vuelta la página.
En el deporte hipercompetitivo y profesionalizado de hoy, yo prefiero esa frase que dice “cuanto más entreno, más suerte tengo”. Yendo al extremo, pero siguiendo esta línea, prefiero pensar que un tiro en el palo no  es mala suerte, sino mala puntería.
En definitiva, soy yo el que sale a la cancha, ¿no? ¿A que se debe entonces tanta necesidad de compartir las culpas de una posible mala actuación con algo esotérico, fortuito o ajeno a mi? Si me preparo bien, voy a tener más posibilidades de jugar bien, y por ende  de alcanzar los resultados anhelados. Pero si me preparo mal…
El deporte está muy lejos de ser un juego de azar. Para alcanzar resultados hay que trabajar, cuidarse y, sobre todo, crecer. Como todo en la vida, el deportista que evoluciona es aquel que aprende y adapta eso que le enseñan o transmiten a su realidad personal para hacerlo cien por ciento productivo. Si pierdo, si juego mal, seguramente es por algo que no hice tan bien en el camino de preparación. ¿El rival jugó mejor? Si, el también se prepara, tal vez tiene mayor potencial y por ende, a igual preparación, suele ganar el mejor. ¿Por qué meter en el medio al pobre elefante, la pata de conejo o lo que fuera? Pensar en factores externos o esotéricos solo atenta contra tu seguridad, y siempre decimos o escuchamos que para jugar bien o rendir hace falta actitud, determinación, convicción y demás, ¿no?
Entonces…

Si algo sale mal o no está saliendo como deseabas o soñabas, en lugar de pensar en fuerzas extrañas, metete para adentro y fijate que estás haciendo mal, o no tan bien, o que podés cambiar para empezar a torcer esa historia. Porque en definitiva, DEPENDE DE VOS, y de nadie mas.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Motivación en Problemas

Uno de los problemas recurrentes en el mundo deportivo de estos tiempos, tanto en la alta competencia como en el deporte formativo, es la falta de motivación. El deportista, de diferentes niveles, suele manifestar que le cuesta encontrar el punto de motivación adecuado para salir a la cancha (“a veces estoy bien y otras no”), o para ir a entrenar, que en definitiva no es otra cosa que “hacer su trabajo”, cuando se trata de deportistas profesionales, o de “hacer lo que les gusta”, cuando se trata de chicos.
El juego se ha vuelto deslucido, con predominio del factor físico sobre lo técnico o creativo, y es común escuchar que “antes se jugaba mejor, más lindo o lo que fuera”, y no se trata de una afirmación de aquellos que dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”, sino de una apreciación objetiva, que tiene relación directa con la motivación que el deportista pone para entrenar o jugar.
El problema, por llamarlo de alguna manera, es más fácil de resolver de lo que parece, ya que si el chico/a elige un deporte, se supone que la tarea que está realizando es placentera (lo divierte), y siendo así no habría motivo alguno para que no disfrute practicarla. Y disfrutando, seguramente podrá dar rienda suelta a su costado creativo, asumir riesgos y desarrollar mejor su tarea dentro de la cancha, el ring, el agua o donde quiera que se lleve a cabo aquello que ama practicar.
Es que en definitiva, se trata de un juego. De chiquitos no jugamos al fútbol, jugamos a la pelota, y jugar a la pelota es divertido, ¿no? ¿En que parte del camino se quedan esas ganas de jugar, arriesgar, divertirse? Alguno responderá rápidamente que se van en el momento que eso se vuelve un trabajo o cuando aparecen las presiones. Pero lo cierto es que hoy en día, cada vez son más los chicos y chicas que no rinden como podrían hacerlo de acuerdo a sus condiciones, porque salen a competir o entrenar con la imaginaria y pesada mochila de la presión, sea cual fuere su edad. Rendir bien se hace imprescindible para “no defraudar” (al entrenador, padres, amigos, etc.), y cuando el rendimiento baja, entrenar suele hacerse más duro o cuesta arriba, y cuando se entrena mal o no tan bien, después, inevitablemente, se hace difícil rendir en plenitud, y así sigue la rueda…
Parece un callejón sin salida, pero es parte de la problemática en la que están metidos los jóvenes deportistas de estos tiempos. Se forman así, casi sufriendo cuando los resultados no se dan de acuerdo a lo esperado, y esa malformación (por llamarla de alguna manera) provoca que luego nos encontremos con profesionales o deportistas de alto rendimiento con groseras fallas técnicas, o peor aún, con serios problemas de autoestima, confianza y motivación para encarar el derrotero diario.
La respuesta a cómo salir de ese callejón, habría que empezar a buscarla en preguntas tan sencillas como: “¿Te gusta el deporte que practicás?”, “¿por qué lo haces?”, “¿alguien te obliga a hacerlo?”. Y las respuestas aquí serán, seguramente, que si le gusta, que lo hace porque lo desea, que nadie lo obliga y probablemente que practicar esa actividad o deporte es lo que más lo apasiona en la vida.

El tema es que, por como estamos educados, solemos poner mas el ojo en lo que esta mal que en lo que esta bien, las debilidades sobre las fortalezas, y en ese camino solemos olvidarnos que no hay mayor motivación que salir a entrenar o a jugar. El resto, las metas y los objetivos deportivos, no deberían ponerse nunca por encima del placer que nos da jugar o practicar la actividad que nos apasiona…

viernes, 16 de enero de 2015

¿Irregular?

Desde la tribuna o el círculo de entendidos y allegados baja el “si este pibe no fuera tan irregular, sería un crack”. En el banco de suplentes, el entrenador se lamenta por el jugador que “la rompe un partido y desaparece en los dos o tres siguientes”. Mientras tanto, la cabeza del pobre jugador no para de buscar razones para los temidos y nunca bien ponderados altibajos, provocándole, en la mayoría de los casos, una sensación desagradable que lo hace dudar de sus propias condiciones.
Salvo un reducido grupo que, increíblemente, suele atribuir las razones de tanto vaivén a “cuestiones mágicas”; generalmente, y aún sin saber bien de que se trata, los tres estamentos (tribuna, DT y el propio jugador) suelen coincidir que el problema está en “la cabeza”.
La Cabeza… Ese elemento al que todos se refieren permanentemente en el mundo del deporte y con el que tanto tememos meternos.
En concreto, el deportista irregular no está embrujado ni tiene graves problemas mentales. La temida irregularidad suele venir de la mano de a) una persona  con alguna tendencia a la ciclotimia o los vaivenes emocionales; o b) un deportista que no ha trabajado debidamente su método de preparación mental. En este panorama, los niveles de autoestima y confianza se vuelven fluctuantes, porque dependen directamente del estado emocional que tenga ese día el deportista. Si viene “de buenas” es muy probable que rinda satisfactoriamente, pero si viene “de malas” o algo lo perturbó en el camino, seguramente va quedar a merced de que la primera acción le salga bien o que algún hecho fortuito le “levante la flechita” en términos de play station.
La respuesta más común del jugador al ser consultado por el tema es “no se que me pasa”, y lo cierto es que no es muy difícil encontrar las razones que lo ponen ante tan incómoda situación. Solo hay que relajarse y pensar un poco, usar la cabeza para controlar la cabeza, aunque parezca un juego  de palabras.
Muchas veces, ese control o esas razones tienen que ver con hábitos que inconscientemente nos ponen “de malas” o lejos de nuestro  estado ideal, y otras veces con pensamientos recurrentes que contaminan el proceso de enfoque y puesta en escena que todo deportista necesita para encarar un encuentro o incluso una practica.
Si, no es tan difícil, y mucho menos mágico o esotérico. Si no podés mantener un rendimiento regular no es culpa de algún gualicho o de un tornillo flojo imposible de ajustar. La solución suele estar más al alcance de la mano de lo que parece. Solo hay que buscarla con la ayuda adecuada…

lunes, 12 de enero de 2015

Si Jordan lo dice...

Una de las frases que hizo popular Michael Jordan fue: "No puedo aceptar no intentarlo... Puedo aceptar el fracaso, todos fracasan alguna vez, pero no puedo aceptar no intentarlo”.

Se han escrito muchos libros acerca de Jordan y el secreto de su éxito. Aqui algunas reflexiones de uno de los mejores deportistas de la historia.
SOBRE MIEDOS Y FRACASOS 
No siempre estamos preparados para fallar o errar un tiro. El error no suele ser bien aceptado en la vida, y mucho menos en el deporte, pero apropósito de ello, Jordan decía que "nunca miré las consecuencias de fallar un gran tiro. ¿Por qué?. Porque cuando piensas en las consecuencias siempre piensas en un resultado negativo. Algunas personas se congelan ante el miedo de fracasar. Lo reciben de sus colegas o solo de pensar en la posibilidad de un resultado negativo. Sienten miedo de lucir mal o verse en una situación embarazosa. Yo me di cuenta de que si quería lograr algo en la vida tenía que ser agresivo. Tenía que salir e ir a buscarlo. No creo que puedas lograr algo siendo pasivo. Yo no pienso en nada más que en lo que estoy tratando de alcanzar. Cualquier temor es una ilusión. Piensas que algo está en medio de tu camino, pero no hay realmente nada ahí. Lo que hay es una oportunidad para que hagas lo mejor y obtengas el éxito. Si resulta que lo mejor de mí no es suficiente aún, entonces al menos nunca tendré que mirar atrás y decir que tuve miedo de intentarlo. El fracaso siempre me hizo intentarlo más arduamente la próxima vez. Es por eso que mi consejo siempre ha sido “pensar positivamente” y encontrar energía en cualquier fracaso. Algunas veces el fracaso realmente te acerca a lo que quieres ser. Si estoy tratando de arreglar un auto, cada vez que intento algo que no resulta, estoy más cerca de encontrar la respuesta. Los grandes inventos en el mundo tuvieron cientos de fracasos antes de que fueran encontradas las respuestas.Pienso que el miedo algunas veces viene de la falta de foco o concentración. Si hubiera estado al frente de la línea de tiro libre y hubiera pensado en los diez millones de personas que me estaban mirando al otro lado de las lentes de las cámaras, no podría haber hecho nada. Por eso, mentalmente trataba de situarme en un lugar familiar. Pensaba en todas esas ocasiones que lancé tiros libres en las prácticas y que realicé el mismo movimiento, la misma técnica que había usado miles de veces. Te olvidas del resultado. Sabes que estás haciendo las cosas correctas. Por eso, debes relajarte y actuar. Después de eso, de cualquier manera, no puedes controlar nada. Está fuera de tus manos, de modo que no te preocupes por ello."
SOBRE EL COMPROMISO
Jordan confiesa que enfrentaba "las prácticas de la misma manera que encaro los partidos. Puedes abrirlo o cerrarlo como un grifo. No podría menospreciarlo durante la práctica y luego, cuando necesitara ese impulso adicional al final del juego, esperar que estuviera ahí. Pero así es como muchas personas enfrentan las cosas. Y es por eso que muchas personas fracasan. Parecen como si estuvieran comprometidos a ser lo mejor que pueden ser. Dicen todas las cosas correctas, presentan todas las apariencias propias del caso. Pero cuando se caen, buscan razones en vez de respuestas. Si estás tratando de alcanzar un objetivo, habrán obstáculos en el camino. Yo los he tenido; todos los han tenido.Pero los obstáculos no tienen que detenerte. Si tropiezas con una pared, no te devuelvas y te des por vencido. Averigua como escalarla, atravesarla, o darle la vuelta."


“Yo visualicé adónde quería llegar, 
qué clase de jugador quería llegar a ser. 
Yo sabía exactamente adónde quería ir, 
y me concentré en llegar ahí”. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

¿Presión?

El deporte es un juego que mueve pasiones en masa y en muchos casos, importantes cantidades de dinero. Las expectativas suelen ser grandes, sea cual fuere el objetivo deportivo o profesional que se haya trazado, y conforme uno empieza a transitar el camino hacia la meta, generalmente sin aviso ni quererlo, la mochila se nos empieza a llenar de presiones.
La necesidad de “ser protagonistas”, de que “acá no se pueda hablar de otra cosa que no sea el campeonato”, o de “mantener una beca o un sponsor”, son una constante en todos y cada uno de los ámbitos de la actividad deportiva, profesional o amateur.
Nosotros, los humanos, los comunes, solemos hacer un culto en eso de buscarnos presiones adicionales, aún cuando no las hay. Si a veces hasta nos ponemos nerviosos en un partido de cartas con amigos, ¿cómo no me voy a cargar de presión y tensiones en algo tan pasional como el deporte?
Es cierto que, muchas veces, meternos presión para alcanzar un objetivo sirve de disparador para mejorar o potenciar nuestro rendimiento; pero nuestro interior no tiene una medida tangible como  un tanque de nafta, que carga X cantidad de litros de combustible. Nuestro interior no tiene paredes firmes, se expande o se achica según nuestro estado de ánimo, por lo que si nos cebamos y llenamos nuestro tanque con más “presión” de la aconsejable, lo más probable es que  no la podamos  manejar y  empecemos a sentirnos mal.
La presión nos desborda y nuestra capacidad de análisis y observación de la realidad se achica considerablemente, provocando que nuestra percepción de algunos hechos no sea del todo confiable, porque inconscientemente nos empezamos a enfocar en el lado oscuro o negativo de las cosas, y no en aquello que puede servirnos como disparador positivo. En términos sencillos, burdos, “primero nos ponemos más tontos de lo habitual  y con el tiempo, ese ejercicio de mirar siempre lo negro termina convirtiéndonos en nuestro peor enemigo”.
También se da que, en el afán por “no llamar la mala onda o la energía negativa”, el tema de la presión se evita por completo, y durante gran parte del proceso no se habla de ella y se la ignora, pero… Ella está ahí… En algún recoveco, esperando agazapada el momento de entrar a escena, y cuando lo hace provoca un desbarajuste en el grupo difícil de manejar.
¿Hay alguna receta para manejarla? Si, por supuesto. Y la clave está en la “Comunicación”. Ignorarla suele ser un arma de doble filo, porque generalmente se corre el riesgo de que aparezca al primer tropiezo y cope la parada. En términos deportivos, cuando tenemos que enfrentar un rival difícil se suele hacer scouting o análisis de virtudes, defectos, puntos débiles, puntos fuertes y demás, para saber cómo enfrentarlo en las mejores condiciones, ¿no? Bueno, una de las claves para enfrentar bien armados los miedos que vienen escondidos detrás de las presiones, es estudiarlos, conocerlos a fondo, y eso se logra hablando, compartiendo con nuestros compañeros el peso que viene con ellos.
Hablar, comunicarnos, sirve como herramienta de descarga o catarsis y como elemento unificador y clarificador en el camino por buscarle salidas a la situación presionante. Hablando podemos minimizar o agrandar situaciones y sobre todo, podemos poner en claro objetivos y metas. Y en ese tren, el apoyo psicológico para el deportista de alta competencia es, muchas veces, clave, decisivo, porque aprender a pensar sobre los hechos y enfocarlos desde el ángulo que más me convenga es algo sobre lo que hay que trabajar y que con ayuda profesional suele ser más fácil de conseguir.