lunes, 10 de febrero de 2014

"Dejalo que se Equivoque"

El Deporte formativo, aunque parezca mentira, es uno de los eslabones más débiles en la cadena en la Argentina y varios países de Latinoamérica. En muchos deportes, desgraciadamente, las inferiores suelen ser una estación de paso hacia las categorías superiores, motivo por el cual, muchas veces nos encontramos con entrenadores muy jóvenes y a veces carentes de formación para enfrentar determinado tipo de grupos o situaciones, o bien DTs que no tienen real vocación para trabajar con chicos o jóvenes, y que solo están al frente de un equipo de “Formativas” esperando que los resultados obtenidos le sirvan de trampolín hacia niveles superiores.
Las Divisiones Inferiores no siempre están bien pagas, y muchas veces se usan (en los deportes no profesionales sobre todo) para retener a un jugador importante a cambio de una remuneración encubierta. Son, nos guste o no, las leyes del juego ante la ausencia de presupuesto o estructuras más fuertes, y como siempre, son los chicos quienes terminan pagando los platos rotos, ya que son ellos los que tienen que lidiar con las carencias de sus formadores.
La frase es del libro de un afamado colega (Daniel Goleman) y refiere a la educación de los niños, pero siempre digo que la relación Entrenador - Jugador tiene muchos puntos de contacto con la relación Padre - Hijo, sobre todo en los aspectos comunicacionales, de allí que me parezca útil reflexionar sobre ella:
"La sobreprotección, parece alentar el temor privando a los más jóvenes de la oportunidad de aprender a superar sus miedos, mientras que, en cambio, la filosofía de «aprender a adaptarse» parece contribuir a que los niños más temerosos desarrollen su valor"
Muchos Entrenadores, por diferentes motivos, suelen sobreproteger con ordenes constantes a sus dirigidos (sobre todo en edades formativas), al punto de generar en los chicos una dependencia o una obligación de responder automáticamente, y eso, en cierta forma atenta contra la capacidad de desarrollo del jugador, ya que al tener coartada la facultad de tomar decisiones por esta conducta de su DT, puede sufrir un retraso madurativo en este apartado (la toma de decisiones). Si el error desata un drama, se hará muy difícil para el jugador tomar conductas de riesgo, soltarse, crear, aprender de su propio error.

Asi como los Padres tienen directa responsabilidad en la educación emocional de sus hijos, los Profesores o Entrenadores también la tienen en la educación emocional de sus pequeños jugadores, que en muchos casos suelen llegar a sus manos en edades tempranas. De allí la importancia de formar a los formadores para encarar semejante tarea. Muchos Entrenadores ponen el foco de su aprendizaje en saber de su deporte, y en realidad, sobre todo en esas etapas, aprender a manejar personas es tan o mas importante.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Según Como lo Mires...

¿Cuántas veces escuchamos refranes, atribuidos a la “sabiduría popular”, y terminamos no prestándoles la debida atención o, en su defecto, pensando que son cosa de otro tiempo? El refranero está lleno de frases célebres que, porque suenan antiguas, graciosas o sencillamente porque no nos detenemos a pensar qué nos quieren decir, terminan desechadas en nuestra imaginaria Papelera de Reciclaje.
En Argentina, por ejemplo, dichos camperos como “no por mucho madrugar se amanece más temprano”, o el conocidísimo “a mal tiempo buena cara”. La lista podría extenderse varias líneas más, y ni hablar si le agregamos dichos de países vecinos o de otras partes del mundo. Invariablemente, esos dichos intentan mostrar que la vida puede ser mucho más simple de lo que nos suele parecer a nosotros, sobre todo en los momentos de tensión.
¿Cuántas veces te han dicho “la vida es según el cristal con que la mires”? Relacionado con esto, a mi me gusta esa que dice que “la vida es 10 por ciento lo que nos sucede, y el otro 90 por ciento es como interpretamos eso que está sucediendo”, o algo así. Y ambas aluden a situaciones similares que tienen directa relación con nuestra manera de enfocar las cosas. Podemos enfocar en positivo o en negativo, y la elección de cómo lo hacemos depende exclusivamente de nosotros. En cierta forma, se trata de elegir a que le prestamos atención, y está comprobado que el cerebro es incapaz de prestar atención a dos estímulos al mismo tiempo, puede saltar de uno a otro, pero nunca encadenar y atender los dos al mismo tiempo.
Vivimos saturados de información y estímulos: computadoras, teléfonos inteligentes, mails, redes sociales, pero atendemos solo aquello en lo que ponemos el foco, aquello en lo que ponemos nuestra atención. A mis pacientes siempre les cuento la historia del auto verde, en la que les confieso que compré un auto de ese color convenido que era muy original, hasta que una vez que salí del concesionario con mi flamante adquisición, empecé a ver autos verdes iguales al mío en todas las esquinas. ¿Magia? ¿Casualidad? No, sencillamente, hasta ese momento no los veía, o no les prestaba atención, y vaya si había (y hay) autos verdes como ese. Por eso decimos que la atención es selectiva. Nos llegan cientos de estímulos, pero nosotros decidimos a que le prestamos atención.
Con los estados de ánimo (alegría, tristeza, miedo, ansiedad) pasa algo parecido, porque están relacionados directamente con la manera que tenemos de contemplar y valorar el entorno. Hay gente que, ante una situación determinada, inconscientemente reconoce primero el costado negativo de eso que le toca vivir, lo cual en cierta forma termina condicionándola negativamente o provocándole sensaciones negativas que, en muchos casos, no le dejan ver el costado positivo de dicha situación.
Por eso es tan importante entrenar la capacidad de ver el “Lado Positivo” de las cosas que nos pasan, ya que así como lo negativo nos pone mal, las cosas lindas y positivas de la vida nos generan sensaciones agradables que nos predisponen bien. Las personas felices suelen tener puesto su foco en lo positivo, en lo que suma, y suelen estar predispuestos para que las cosas les salgan bien. Alguna vez bautizaron a Martín Palermo como “optimista del gol”, y esa cualidad de optimista o de salir a la cancha esperando romperla o ganar es clave en el deporte para conseguir resultados positivos.
La mirada positiva es la que te permite disfrutar de los pequeños detalles de la vida (una sonrisa, un gesto de amor, cariño o solidaridad, un halago, tomar algo con un amigo, mirar una película o un partido en tu sillón favorito, prepararse unos ricos mates, etc.); y en el deporte pasa lo mismo. Los pequeños detalles son vitales, sobre todo en esta época en la que el individualismo atenta contra el armado de los grupos y contra la capacidad de lectura de juego de muchos deportistas, que terminan anteponiendo su actuación personal (su gol, sus puntos) a otro tipo de situaciones. La suma de acciones positivas termina haciendo grandes deportistas y grandes equipos, y aprender a disfrutarlas contribuye enormemente a la construcción de ese estado de felicidad que potencia al jugador.
Los grandes acontecimientos se dan cada tanto, y hay quienes se pasan la vida esperándolos, y lo peor es que sufren durante el camino. Disfrutar ese camino o proceso es lo que permite potenciar capacidades y talentos; crecer y, sobre todo, tener mayores chances de jugar bien. En definitiva, si tu mira apunta solo a disfrutar a festejar los hitos o grandes acontecimientos, el camino pasará desapercibido, cuando en realidad, celebrar y disfrutar los pequeños acontecimientos de cada día opera como retroalimentación positiva. Y siempre es mejor salir a la ruta con el tanque lleno de combustible, ¿no?

¿Cuál es tu manera de mirar la vida o los acontecimientos que te toca vivir? ¿Enfocás primero el Lado Positivo o el Lado Negativo? Conocerse  es el primer paso para conseguir cambios. Qué nada ni nadie te impida salir a la cancha con optimismo y ganas de disfrutar de lo que hacés.

lunes, 13 de enero de 2014

Salir de la "Zona de Confort"

Desde España, pero perfectamente adaptable a cualquier realidad deportiva, la colega Patricia Ramírez habla sobre la importancia de ayudar a los niños/as deportistas a salir de su "zona de confort" para potenciar su crecimiento.

Muchas son las responsabilidades que hoy en día tenéis los entrenadores del deporte base. Se os pide que ejerzáis varios roles…de técnico de fútbol, de líder, el de gestor de personas, el de comunicador, el que da apoyo y aliento, el que educa en valores, el que controla a los padres para que no presionen y le pidan al niño más de lo que puede dar, etc. Roles para los que, en la mayoría de las ocasiones, no tenéis formación, solo sentido común.
Cada vez le damos más protagonismo al deporte base y lo identificamos como un aula abierta, en la que hay un proceso de enseñanza y aprendizaje en toda regla. Los niños están en continuo contacto con valores y hábitos importantísimos para que se desarrollen como personas y futuros profesionales: habilidades sociales, disciplina, orden, método, esfuerzo, trabajo en equipo, atribución de responsabilidad…
Amén del talento futbolístico que tenga el niño, en un futuro, como entrenadores, vais a valorar mucho su actitud, su garra, el tener sangre, que sepa competir…ese descaro que tienen algunos jugadores con el que se atreven a hacer cosas que otros, por miedo al fracaso, dejan de probar. ¿El descaro viene genéticamente determinado? No. La valentía se aprende, y se aprende, porque se enseña.
Una manera de conseguir que nuestros pequeños deportistas sean más valientes y que en el futuro se arriesguen y sean capaces de tomar decisiones, de crear sin miedo a fracasar, de no ser borregos y hacer las cosas de forma diferente, es desdramatizarles el fracaso y aportarles seguridad.
En esta sociedad tenemos sobrevalorado el éxito y la victoria, e infravalorado el fracaso, porque premiamos más los resultados que los procesos. Esto es una equivocación, por lo menos en el deporte base. Los entrenadores tenéis que valorar el esfuerzo, el compañerismo, la valentía, la capacidad de asumir responsabilidades, el liderazgo, porque estos valores tienen su protagonismo y forman parte del éxito y del fracaso. Ningún niño quiere hacer aquello con lo que no se siente cómodo, porque no le da seguridad. Se siente ridículo si le regañan, si se ríen de él, si le comparan o le apartan de la tarea. Ese niño se etiquetará a sí mismo como torpe y no querrá exponerse otra vez. Y si no se expone, no tendrá oportunidad de entrenar esa destreza. Le habremos limitado en lugar de potenciarle.
El niño se siente cómodo en su zona de confort. La zona es esa en la que la jugada es predecible, en la que tiene una probabilidad alta de acertar y de jugar bien, sus movimientos le dan seguridad porque sabe que hay poco margen de error. Pero en esa zona no avanza. No avanza ni en el fútbol, ni en la vida. Porque entrenar contigo no es solo un proyecto como jugador, sino como persona. Si quieres tener jugadores y jugadoras valientes, que sean capaces de salir de su zona de confort, que se atrevan y creen oportunidades, sigue estos consejos:
Despenaliza el fracaso y el error. Diles que en tu escala de valores es más importante el esfuerzo e intentar aprender, a que hagan un buen centro. Importa intentarlo, probar y avanzar.
Sé consecuente con el punto anterior. Cuando cometan un error, alienta el intento, diles que te sientes orgulloso de los que se atreven y toman decisiones.
Corrige de forma positiva y constructiva, centrándote en lo que tienen que hacer bien, en lugar de lo que tienen que dejar de hacer mal. El cerebro entiende mejor cuando las órdenes se centran en “esto es lo que hay que hacer y de esta manera” en lugar de formularlas en términos “no hagas esto”.
Enséñales a convivir con la presión, el miedo y la incertidumbre. Enséñales a que sus emociones tienen el valor y el peso que ellos les quieran dar. Puedes hacer un ejercicio basado en el humor. Pide a cada chico que dibuje su miedo, con alguna forma, como la de una nube, una estrella, un monstruo…con boca, ojos y una cara divertida. Que los recorten, y que escriban encima algo así como “soy el miedo de Fran”, y que antes de salir a entrenar o a jugar, lo dejen pegado en la pared del vestuario, o dentro del neceser. Es un acto simbólico que nos aleja de las emociones que nos bloquean y nos permite tomar distancia con ellas. No las eliminamos de nuestras vidas, pero decidimos el protagonista que tienen que tener.
Enséñales a trabajar con estas preguntas:
o ¿Qué quiero?
o ¿Por qué?
o ¿Para qué?
o ¿Con qué?
Y una vez hayan respondido, simplemente, diles que ACTÚEN. Los niños tienen que encontrar su propia motivación para actuar. Tienen que tener un motivo, un sueño, un objetivo que deseen superar. Si encuentran el suyo en lugar de buscar el tuyo, mejor. Eso se llama motivación intrínseca, y es más estable que la motivación extrínseca.
- Emociónate, dales abrazos y sonríe cuando consigan algo que les ha supuesto un esfuerzo, algo a lo que temían. Diles que te sientes orgulloso, que el trabajo y el esfuerzo tienen premio. Diles que ésta es la forma de superarse. Transmíteles tu entusiasmo…a los niños les encanta agradar y sentirse valorados por sus padres y entrenadores.
- Enséñales a hablarse a sí mismos en términos positivos. No dejes que verbalicen “jo, si es que no te sale nada, qué malo eres”. Diles que hay un idioma especial, que ayuda a conseguir objetivos y que uno se sienta bien. Diles que tienen que animarse “va, va, va, puedes hacerlo, lo seguimos intentado”.
Salir de la zona de confort es educar en ser valientes, es potenciar la creatividad y valores como el esfuerzo por encima de los resultados. Como entrenador tienes una bonita labor en tus manos si eres capaz de sacar ese “luchador” que llevan dentro. Y solo serán capaces de convertirse en pequeños valientes, si tú depositas tu confianza y apoyo en ellos.
Equivocarse no es un error, el error es no dar un paso al frente y limitarte por miedo a defraudar y sentirte mal.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Salud Campeón

El trabajo del Psicólogo Deportivo no suele ni debería medirse con la vara de los resultados. El mundo del deporte es así de ingrato, sobre todo para los Entrenadores, que se ven sometidos a presiones que, en muchos casos, los desbordan y los sacan de su Eje.
En ese marco, buscar apoyo y capacitación es importantísimo, sobre todo en aquellos temas que no suelen estar en el orden del día en las clínicas y cursos. Invertir en la búsqueda de apoyo y capacitación siempre da frutos, pero no necesariamente resultados visibles en las tablas de posiciones, porque en todos los torneos suele haber un solo ganador. 
Juan Ferreira es uno de los tantos Entrenadores que apostó por el apoyo y la capacitación, y los resultados no le dieron la espalda a su querido Berazategui: Subcampeón Metropolitano y Campeón en la Liga Nacional femenina 2013.
Desde lo personal, da gusto trabajar con gente como el "Gallego": un tipo de convicciones firmes en lo deportivo, pero terriblemente abierto en lo humano, y tal vez allí estuvo una de las claves de una temporada en la cual no bajó del segundo puesto con un Equipo que, a principio de año, más de uno miraba de reojo ante la falta de nombres rutilantes.
A lo largo de esta temporada, Juan salió airoso a la hora de trabajar sobre varias de las frases que tanto complican cuando se trata de formar un Equipo: "Esto es lo estoy buscando", cuando estás en la búsqueda para armar el plantel; "Esto es lo que hay", cuando ya está cerrada la plantilla, tenés que una temporada por delante y encarás la tarea de enamorarte sanamente de tus jugadores; y "vamos hacia allá", cuando el Líder es el encargado de marcar el camino. 
Recuerdo que en sus primeras sesiones de trabajo, allá por marzo, Juan me dijo: "Quiero salir campeón", y confieso que lo único que me invitaba a creer que podía ser posible eran su convicción de que podía conseguirlo y su enorme deseo de lograrlo. 
Convicción, Deseo y obviamente Capacidad; tres condimentos indispensables en la ensalada del éxito que todo buen Líder debe sazonar con una buena dosis de Paciencia.
A Berazategui le tomó tres finales coronarse Campeón: Subcampeón en el Metro Apertura y en el Clausura, logró recién subirse al primer escalón del podio en la Liga Nacional. 
Convicción, Deseo, Capacidad, Paciencia. Las tuvo el "Gallego" y con ellas llegaron los éxitos.

lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Te Lesionaste? Andá al Psicólogo...

La medicina moderna le está dando cada vez más valor al estado anímico en los procesos de recuperación de enfermedades y lesiones. El espíritu positivo termina siendo, en la mayoría de los casos, decisivo, por lo que descuidar la “Cabeza” en estos trances puede ser determinante para achicar o alargar los tiempos de convalecencia o rehabilitación; y, sabemos, en el deporte híper competitivo de estos tiempos si algo no sobra es tiempo, ¿no?
El espectro es tan amplio que en él encontramos recuperaciones mágicas (como la vuelta de Martín Palermo tras la rotura de ligamento cruzado) y deportistas que tardan muchísimo más de la cuenta en volver, u otros que ni siquiera logran hacerlo condiciones ideales.
¿La diferencia? No hay una, sino muchas, habida cuenta que no hay dos personas ni dos físicos iguales. Arrancamos obviamente por las condiciones en las que se de esa recuperación (el cuerpo médico que apoye y la dirija, sin ir mas lejos); y terminamos (¿o empezamos?) en la “cabeza”, ya que allí se van a gestar dos factores claves para que la recuperación llegue a buen puerto: 1) el Espíritu Positivo y 2) el Orden y la Disciplina con que vayas a encarar el trabajo de rehabilitación.
De ahí la alusión del título… “anda al psicólogo”.
La “cabeza”, aunque parezca mentira, sigue siendo dejada de lado en la mayoría de los cuerpos técnicos de los equipos deportivos en la Argentina. Los psicólogos no abundan en los planteles ni en los clubes, por lo que generalmente, este tipo de ayuda debe buscarla el jugador por su cuenta, y lo cierto es que no todos acuden al psicólogo en este tipo de trances.
¿Por qué el Psicólogo? Y, básicamente para contener y trabajar sobre el mencionado “espíritu positivo”. Algunos lo traen de fábrica, pero otros necesitan de alguien dándole permanentemente al “inflador anímico” para no caerse.
Los deportistas trabajan con su cuerpo, por lo que una lesión lo primero que provoca (además del dolor físico) es una profunda angustia, y desde ese estado se suele hacer difícil pensar, y pensar es clave para poder hacer correctamente “los deberes” en el proceso de recuperación para ayudar a adelantar la vuelta.
No todos los deportistas (sean o no de alta competencia) tienen un cuerpo médico top detrás suyo. Y aún aquellos que lo tienen, muchas veces deben debatirse entre las angustias e intereses de su entorno, que seguramente con la mejor onda, más de una vez terminan colaborando para que aumenten la preocupación y el temor, en lugar del tan necesario optimismo. El deportista se ve sometido, sin quererlo, a opiniones de todo tipo y color, algunas encontradas en cuanto a su filosofía y contenido. Todos, en su afán de ayudar seguramente, aportan su “sabiduría”, que en algunos casos puede ir en contra de lo que opina el cuerpo médico que está a la cabeza de la recuperación, y allí empiezan los cortocircuitos que llevan a la angustia y que empujan a la búsqueda de soluciones mágicas, que solo contribuyen a confundir más y más. Allí entra a jugar a veces el “en Internet encontré que…”, que más de una vez promueve la hipocondría. Entonces, el deportista entra en crisis y la recuperación se torna más lenta, alargando los tiempos considerablemente.
La contracara de esto la da un deportista que, a partir de un buen proceso de contención, puede pensar y tomar decisiones con claridad para encarar un proceso de rehabilitación con todas las pilas, de manera activa, sintiéndose protagonista de la recuperación, al participar de él con actividades sencillas en la vida cotidiana, agregándole ejercitaciones, alimentación y terapias caseras (indicadas por los médicos que estén a cargo de la recuperación, como ponerse hielo con cierta periodicidad, por citar un ejemplo tonto); que obviamente sumarán su granito de arena a las sesiones de kinesiología y trabajos físicos oportunamente ordenados por los facultativos que comandan el proceso.
Ocupar la cabeza, sentirse protagonista de la recuperación, es importantísimo para que esos tiempos muertos que quedan entre sesión y sesión de trabajo con médicos, kinesiólogos y P.F., estén ocupados en tareas que, además de colaborar en el proceso (hielo, ejercicios, etc.), sirvan para tener ocupada la cabeza, que así no quedará a merced de esos aportes y consejos de buena voluntad que solo ayudan a que la persona maquine innecesariamente generando dudas y angustias que solo entorpecerán la cosa.
Manejar el Proceso de Contención, por ello, es clave, incluso en los clubes que cuentan con un cuerpo médico full time, ya que por imperio de las circunstancias, se da que a veces los médicos no tengan tiempo o tacto necesario para contener y calmar las angustias del deportista.
La “Cabeza”, por ello, es clave también en el proceso de recuperación de lesiones, que desde lo psicológico arranca por:
- Contención y Descarga (drenaje de la angustia que provoca la lesión)
- Toma de Decisiones (optar por la terapia a utilizar)
- Participación Activa (sentirse protagonista de la recuperación)
- Trabajar los Miedos (eliminar el temor a volver a lesionarse)
- Preparar la Vuelta a la competencia
 
Tener un buen Cuerpo Médico es importantísimo. Pero descuidar la cabeza puede tirar todo por tierra. ¿Por qué cuesta tanto darle su lugar al Psicólogo entonces?

lunes, 2 de diciembre de 2013

En La Formación Las Prisas No Son Buenas

Siempre que hay algo bueno en la red, me gusta compartirlo en este espacio. Suelo hablar mucho acerca del valor de educar bien deportivamente, habida cuenta que las presiones son cada vez mayores y ya han llegado (increíblemente) al mundo de las divisiones formativas. Y este artículo de "La Soledad del Entrenador", si bien apuntado exclusivamente al fútbol, refleja valores y situaciones que vemos a diario en las canchas de inferiores de todos los deportes. La nota:

En el fútbol, hoy se está negando a muchos pequeños el derecho y el placer de jugar, en virtud de no se sabe muy bien qué rigor científico, por el cual se busca acelerar la preparación de estas criaturas para el alto rendimiento. Se pretende desligar su preparación deportiva de cualquier responsabilidad educativa, pero tal especulación es, cuando menos, gratuita:
• como si el juego fuera una pérdida de tiempo.
• como si prepararse para el fútbol fuera una condena, y su disfrute estuviera bajo sospecha.
• como si la formación integral del menor fuera incompatible con la preparación para el deporte de competición.
Se sostiene que la actividad recreativa está muy bien, pero que entrenar para la competición es otra cosa bien distinta que exige maniobrar a destajo desde pequeñitos. Y con tal despropósito, se lleva a cabo un experimento con menores, de resultado, como poco, incierto: establecer a estas edades una supuesta incompatibilidad en el deporte entre actividad recreativa y competitiva, es una alternativa muy poco razonable.
Los ritmos de crecimiento ni son regulares, ni se dan en todos por igual. Quienes primero destacan no suelen evolucionar del modo que se espera de ellos. Las vueltas que da todo proceso de maduración, el exceso de atención que se dedica a los más adelantados, las responsabilidades que se echan sobre sus espaldas, y la aceleración de su crecimiento les lleva a quemar de manera vertiginosa etapas decisivas de su vida. Tanto trajín es mucho más de lo que la mayoría puede soportar, de manera que son muchos los que cuelgan las botas al poco de empezar.
A estas edades, aumentar la intensidad de los entrenamientos y precipitarse con exigencias de resultados, no garantiza mejoras significativas en el rendimiento futuro. Por el contrario, cada vez son más las evidencias de que el sobre entrenamiento, y los excesos de solicitación en el niño producen un efecto bumerán: la pérdida de interés y el abandono. La naturaleza ha sido tan sabia que ha hecho al niño, niño antes que hombre; pretender apurar su formación implica sacar frutos secos, sin jugo ni sabor ¿Pero saben esto todos quienes manejan niños? No, categóricamente, no.
Es cierto que en otros deportes desciende notablemente la edad del máximo rendimiento, al igual que la selección precoz, y el entrenamiento intensivo de los niños y niñas más aventajados. Pero las exigencias son distintas en cada modalidad deportiva: no es lo mismo prepararles para el fútbol que hacer lo propio en otro deporte individual como la gimnasia rítmica –de requisitos físicos muy concretos– cuya actuación se puede programar de forma sistemática, con carácter previo.
Hay que animarles para que se superen, centrando su atención en metas posibles a la vez que suficientemente atractivas. Así haremos coincidir su maduración futbolística con su propio desarrollo físico y mental, jugarán más motivados, y aprenderán más fácil.
Muchas estrellas empezaron a jugar al fútbol en plena adolescencia: Gaizka Mendieta iba para atleta y no empezó a correr detrás de un balón antes de los 15 años. Batistuta, a quien llamaban El Gordo por un ligero sobrepeso, se hizo esperar hasta los dieciocho años. A Rivaldo le decían Pata de Palo en la categoría juvenil. Se mire por donde se mire, la experiencia es un libro abierto donde saltan a la vista muchísimas promesas que destacaban en las categorías inferiores, y se perdieron en el anonimato antes de ver cumplidos sus sueños.

Mientras en otros deportes individuales como el atletismo existen retratos casi perfectamente delimitados que permiten reconocer a la legua la estampa de un campeón, no ocurre lo mismo en el fútbol. Aunque algunos clubes siguen coleccionando jugadores por su tamaño, es fácil encontrar auténticos fenómenos que no darían la talla para quienes priman la madurez en su desarrollo biológico. Y si no, que se lo pregunten a Cruyff o a Maradona.
• ¿Acaso no son cada vez más excepcionales los jugadores que el fútbol profesional busca en cualquier lugar del mundo?
• ¿No es cierto que ninguno de todos estos niños tan prometedores que destacan en sus equipos de barrio llegará a lo más alto del fútbol? o, para decirlo mejor : será una excepción aquel que consiga llegar a la élite del fútbol. El caso de Argentina es paradigmático: hasta dos millones de fichas de jugadores, y son menos de cincuenta los privilegiados que exhiben la grandeza de su fútbol por todo el mundo.
• ¿Y los demás? ¿es que no merecen una oportunidad? ¿no son el buen trato y una experiencia de calidad los que pueden llevarles tan bien y tan lejos como quieran y/o puedan?
• Y por último ¿a estas edades quién es el listo que es capaz de vaticinar lo que pueden dar de sí estas criaturas?¿quizá aquellos que no ven sino los defectos, y tienen un ojo de lince para descubrir a quienes saltan a la vista, porque maduran antes que los demás?
Parafraseando el conocido aforismo; el talento futbolístico se hace de fuerza y velocidad física, pero sobre todo de rapidez mental. De Menotti cuando era jugador, se cuenta que un día le dijo su entrenador :
– Ché flaco, corré
Y Menotti contestó:
– Ah, encima de pensar ¿querés que corra?

Eran otros tiempos, y otras circunstancias. Anécdotas aparte, no se pretende ignorar la importancia cada vez mayor de la preparación física en el deporte. Sin embargo, conviene recordar que el fútbol es un deporte que se juega de la cabeza a los pies.Aquí interviene otro aspecto no menos relevante, habida cuenta del aumento de la presión competitiva: ese carácter especial, mezcla de curiosidad y empeño para esforzarse en mejorar cada día, afrontando con buen ánimo un recorrido tan largo, de muchas vueltas.
Hasta hace bien poco, el talento deportivo se consideraba una especie de don que se tenía o no había nada que hacer: el jugador nace, no se hace.
En los últimos años, sin embargo, pasa por ser un concepto dinámico, más relacionado con el desarrollo de la destreza en el deporte. E. Hahn ha investigado la detección de talentos y su preparación desde edades tempranas: es una aptitud acentuada en una dirección, superando la media normal, que aún no está del todo desarrollada. El mismo autor concluye que el talento es la disposición por encima de lo normal, de poder y querer realizar unos rendimientos elevados en el campo del deporte En otras palabras, una extraordinaria voluntad de superación que han tenido que desplegar, especialmente, aquellos a quienes no se les ha dado todo hecho y han puesto a prueba su instinto de supervivencia, luchando contra viento y marea. Jugadores que, si quieren hacerse un hueco, tienen que afilar el ingenio para pensar más rápido, y andar más listos que los demás, desarrollando un espíritu de sacrificio muy por encima de lo normal.
Johan Cruyff lo sabe muy bien: Siendo todavía niño, desarrollé en los entrenamientos la técnica para poder explotar mi juego y superar cierta inferioridad física respecto a jugadores más corpulentos, sí, pero también más lentos. Lo cual no quiere decir que entrenara más, sino que aprovechaba mejor los entrenamientos.
Siempre he pensado que cada desventaja tiene sus ventajas. Si soy pequeño, tengo que ser más espabilado. Si no soy fuerte, tengo que ser más listo; no me queda otro remedio.


La Soledad del Entrenador @SEntrenador
(Del libro “Dejad que los niños jueguen)