viernes, 6 de agosto de 2010

Ciencia y Química

Esta fue la primera nota del Blog, allá por diciembre pasado, pero ahora, con las temporadas de muchos deportes a punto de comenzar vuelve a cobrar vigencia...

(Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia)
El Equipo Azul invierte 100 mensuales (los valores son simbólicos) en un DT; otros 100 en su Jugador Franquicia; 70 en dos jugadores importantes; 50 en dos de hombres de peso en la rotación y unos 25 en los sueldos del resto del plantel. Gasta 100 más en el resto del cuerpo técnico (asistente, preparador físico, médico, planillero, etc) y las sumas comunes a todos los equipos en hotelería, viajes e indumentaria; amén de los costos federativos, de arbitraje, instalaciones y demás; conformando un presupuesto más que interesante.
El Entrenador es un brillante estratega y sus jugadores son de lo mejor de la liga. Ergo, el Equipo Azul tiene potencial para pelear el título. Pero... ¿Hasta qué punto sirve la inversión si el Equipo no tiene la química necesaria para plasmar en la cancha su potencial técnico-táctico?
Una de las frases de cabecera en el deporte mundial es “el mejor psicólogo del plantel es el entrenador”, y en muchos casos, es cierto. El Entrenador es quien baja las pautas con que se maneja el grupo, maneja los hilos y tiempos del plantel. Decide quien juega y quien no; y decide también a que se juega o que estrategia se utiliza. Determina si se entrena o si se tiene día libre, y hasta que jugador deben contratar los dirigentes. Y por si esto fuera poco, tiene que tratar que todos los integrantes de su plantel estén preparados física, táctica y psicológicamente para salir a la cancha.
Cada integrante del Cuerpo Técnico tiene una tarea específica, pero el aspecto anímico no siempre tiene un “encargado” puntual, y la tarea se la reparten, según el caso, entre el entrenador, el asistente, el preparador físico o el médico. A veces resulta bien, pero otras veces, las preocupaciones inherentes a cada función hacen que ninguno tenga el ojo disponible para detectar problemas de esta índole, o el tiempo y las herramientas para manejarlos, y entonces empiezan a aparecer síntomas tales como:
- el jugador que está en banco y se bajonea porque no juega, provocando cierto tipo de tensión en el clima general.
- el jugador A tiene roces con el jugador B, y los dos son titulares e importantes.
- el clima entre jóvenes y experimentados no es el ideal y eso provoca que las cosas no sean tan fluidas como debieran dentro de la cancha.
- el jugador Z se pone nervioso, se saca y por sanciones disciplinarias está más afuera de la cancha que adentro; provocando que el resto empiece a mirarlo de mala manera.
- Y la lista de ejemplos podría seguir interminablemente.

Para el común de la gente, la química es algo que se da por naturaleza, pero aunque parezca mentira, "la química es algo que se puede conseguir, fabricar o mejorar", trabajando sobre las estructuras del grupo.
En algunos casos, se puede trabajar en reuniones de equipo con todo el plantel, pero también se lo puede hacer a través de apoyar al entrenador con observaciones que el propio DT o sus colaboradores no siempre pueden hacer debido a que están sumidos en su función especifica: entrenar y buscar las estrategias de juego para ganar los partidos.
“¿Me da 2 kilos de química por favor?”

martes, 27 de julio de 2010

No se por qué no me pone

Cuántas veces escuchamos a un jugador decir, en clara alusión al DT que lo está confinando al banco de suplentes, que: “Si no le pregunto por qué me pone, no le voy a preguntar por que no me pone”.
Se supone que el deportista justifica su comportamiento en los “códigos” del deporte, aquellos postulados misteriosos y a veces pasados de moda en esta era gobernada por iphones y blackberrys, a través de los cuales el mismo deportista le da a conocer su pensamiento instantáneamente a miles de personas a través de facebook, twitter y vaya a saber uno cuantas herramientas más. El choque entre los viejos valores y los nuevos comportamientos a veces nos lleva a la confusión, entonces el árbol nos tapa el bosque y nos terminamos atando a códigos que nos empujan a un silencio nocivo, no solo para las chances del jugador de salir del banco o al menos enterarse de por qué está donde está, sino también para el grupo, al que tarde o temprano le llegará la onda expansiva del malestar que aqueja a tal o cual compañero. Los viejos códigos dicen que “no se debe preguntar”, pero si no pregunto no me entero de las razones que me tienen en una situación incómoda, y si no me entero, no se qué debo cambiar, y generalmente, cuando uno no sabe qué tiene que cambiar, tiene muchas chances de equivocar el camino y seguir haciendo aquello que lo llevó a estar en esa incómoda situación.
Entonces… ¿No será más productivo preguntar? Con respeto, sin exigencias, aceptando la autoridad de aquel que está en un escalón superior en la cadena de mando (el jefe, ni más ni menos).
A veces, esos supuestos “códigos de silencio” lo que están ocultando es nuestro temor por encontrarnos con una realidad que no nos gusta. La pregunta nos pone ante una respuesta, y esa respuesta puede tener mil matices. En algunos casos, lo que estamos evitando es que nos pongan en palabras algo que sabemos pero queremos mantener oculto (“tenés que trabajar mas en la semana” o “tenés que mejorar tal o cual faceta de tu juego”), porque mientras esté oculto podemos seguir postergando “entrar en acción”.
Otras veces, el silencio viene de la mano de la poca comunicación que hay con el entrenador o su equipo de trabajo. Y en todos los casos, el silencio no suma, resta, porque ambas partes (entrenador y jugador) se están privando de conocer el otro lado de la historia (el silencio priva al DT de saber que el jugador tiene muchas ganas de recuperar su lugar y que está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo; y del otro lado, le quita al jugador la chance de conocer las razones que lo llevaron a perder el puesto y que cosas debería hacer para mejorar su rendimiento y recuperarlo).
La personalidad o perfil del Entrenador a veces no ayudan a fomentar el dialogo. Otras veces se habla mucho, pero solo de temas intrascendentes o no inherentes a lo que más nos interesa: el equipo. Y también se da que hay cuestiones de feeling o piel que también atentan contra las posibilidades de expresarse.
Y allí es donde empieza a cobrar valor el “Equipo de Trabajo”, “El Equipo detrás del Equipo”. En la diversidad se amplian las posibilidades de encontrar una persona con quien hablar de algunos temas.
Hay Equipos de Trabajo que, por su filosofía y formación, tienen claro como optimizar estos canales para evitar que los jugadores entren en este tipo de callejones sin salida, pero a veces, la visión de un Psicólogo, despojada de otras urgencias como en pensar en la táctica, la preparación física, la logística, etc, puede ser de gran ayuda para aportarle al Entrenador y a su Equipo, otras herramientas para anticiparse a este tipo de situaciones. Anticipar, Prevenir… Si mi rival no recibe, no puede jugar… Si me anticipo o prevengo una situación que podría ser conflictiva, no hay problema y toda la energía del Equipo seguirá enfocada en pos de los objetivos y metas trazadas, sin distraerse en el camino en este tipo de situaciones…

lunes, 19 de julio de 2010

El Orgullo de Ser Parte

No todos los días se puede festejar un Campeonato, pero que lindo es, ¿no?
No me gusta escribir en primera persona del singular (manías de viejo periodista), pero no hay muchas maneras de expresar la alegría que viene de la mano en este tipo de situaciones. Las chicas de Velez ganaron su cuarta Liga Nacional de básquet femenino y puedo decir con orgullo que fui parte de esa gesta y me gané un lugarcito en la foto.
Insertarse en un equipo campeón (Velez venía de ganar la Liga Nacional y dos Metropolitanos en el 2009) no es fácil. Mucho menos para un Psicólogo, que de por si debe luchar con los prejuicios del “¿para qué sirve?” y tantas otras cosas más. En este caso, potenciado por el hecho de que se trataba de insertarlo en un grupo por demás exitoso, lo que provocaría inevitablemente que alguno preguntara, tal vez con razón, si “¿no sería perjuicial?” o que los cabuleros lo tildaran de mufa ante el primer tropiezo.
Bueno, por suerte, no pasó nada de eso. Tanto los dirigentes como el Entrenador Jefe pensaron en sumarle un plus a su equipo de trabajo, y a partir de allí solo me quedó la grata tarea de sumarme para tratar de aportar mi granito de arena. En febrero, cuando comenzó este camino que hoy nos tiene festejando, me presenté con este artículo, que no hace otra cosa que expresar algunas de las cuestiones por las que defiendo el rol del Psicólogo en el mundo del deporte.

“NOS TRAJERON UN PSICOLOGO”

La frase puede sonar de diferentes maneras y, por ende, tener distintos tipos de interpretaciones. La Psicología Deportiva no está muy desarrollada en la Argentina, por lo que la presencia de un Psicólogo en el Cuerpo Médico de un Plantel Deportivo no siempre suena del todo bien, y es comprensible.
Lo primero que hay que saber es que, más allá de lo que dice la “sabiduría popular”, Psicólogo no es lo mismo que “Loquero”, y que el hecho que se haya convocado o sumado un Psicólogo no tiene relación directa con que “estas chicas están todas locas”. Ni ahí.
En términos prácticos, el Psicólogo Deportivo no es otra cosa que un integrante más del Equipo de Trabajo que encabeza el Entrenador Jefe, por lo que trabajará mancomunadamente con asistentes, preparadores físicos, medico, kinesiólogos, dirigentes y utileros, tratando de aportarle lo que esté a su alcance al deportista para que pueda desarrollarse mejor.
La función principal es “estar a la mano” para que cualquier jugadora pueda acudir a charlar libremente de cualquier tema que pudiera estar afectándola en su rendimiento. Obviamente, el Psicólogo no está para hablar u opinar acerca de si es bueno o malo un sistema defensivo, cuantos kilos hay que cargar en la barra para hacer sentadillas o como realizar un estribo en un tobillo maltrecho. Pero si puede ayudar a trabajar sobre aquellos temas o situaciones que les impidan rendir al cien por ciento durante entrenamientos o partidos.
Más de una vez, llegamos al club con la pesada mochila de algún problema personal que nos impide disfrutar de la práctica deportiva, lo que nos lleva a estar de malhumor, con la cabeza en otro lado, provocando indirectamente con mi actitud que algún ejercicio salga mal o que una compañera se distraiga preocupada o molesta por mi “estado”. Entonces, la práctica empieza a perder algo de ritmo, no estoy atenta a los ejercicios ni a los sistemas, la pelota no entra, me empiezo a fastidiar y lo que tendría que ser una hora de placer y disfrute (porque todos hacemos deporte para pasarla bien, ¿no?) termina siendo una prolongación o arrastre de algún mal momento anterior.
El Psicólogo puede ser una rueda de auxilio para ayudarnos a encarar algunas situaciones de la vida manera tal que no nos afecten a la hora de hacer una de las cosas que más nos gusta: jugar al básquet.
La serenidad y la concentración, al igual que un sistema defensivo, la técnica de lanzamiento, el trabajo físico en pista o gimnasio o la implementación de una buena dieta, SE TRABAJAN. Si, uno puede trabajar para poder manejar la ansiedad y así poder rendir a pleno y disfrutar del deporte. El mundo del deporte ha crecido increíblemente en muchísimos aspectos. Las tácticas han evolucionado, los físicos son diferentes, ha cambiado la alimentación e incluso la indumentaria. Todo en base a trabajo, investigación y especialización Hoy nadie quiere dar ventajas, y la Psicología Deportiva es una herramienta más que nos puede ayudar a optimizar el rendimiento deportivo.

martes, 6 de julio de 2010

Hablando Conmigo Mismo

Más de una vez, al observar a una persona hablando sola en voz alta, se nos habrá escapado un “está loco”, pero la única diferencia que separa a ese pobre loco de nosotros es que está emitiendo sonidos, porque todos, en mayor o menor medida, mantenemos diálogos con nosotros mismos.
Es que siempre estamos pensando, por lo que inevitablemente siempre nos estamos diciendo cosas… Cosas que a veces nos ayudan a enfocarnos o motivarnos, y otras nos juegan decididamente en contra.
“Uhhh, otra vez este arbitro. Siempre que nos dirige perdemos”, “usar la camiseta suplente nos trae mala suerte”, “nunca pudimos ganar en esta cancha”, “nunca juego bien con sol, viento, lluvia o lo que fuera”… Y podría seguir enumerando sentencias de esas que invariablemente aparecen en nuestras charlas con nosotros mismos antes, durante o después de un partido, y que más allá de que a nadie le gusta sabotearse, no hacen otra cosa que atentar contra nuestra propia capacidad de concentración o enfoque.
El lenguaje es el lente a través del cual le damos significado a todas las cosas de la vida, y hacer un uso positivo del mismo nos ayudará a encarar las tareas que tenemos por delante de una manera diferente y seguramente más cercana a nuestros deseos de éxito. La clave, entonces, pasará por cómo nos tomemos nosotros la tarea que tenemos que encarar, a partir de los condicionantes que se nos pudieran presentar, y en ese camino, no es lo mismo entrar a la cancha pensando “nunca podemos ganar en esta cancha”, que hacerlo pensando que “hoy es una buena oportunidad para romper la mala racha jugando acá”.
Parece una tontería, pero no lo es, porque más allá de este caso puntual, a diario nos cargamos a nosotros mismos de sentencias negativas que nos tiran para abajo en lugar de impulsarnos hacia arriba. Siempre nos estamos diciendo cosas, porque difícilmente nuestra mente esté en blanco, y los pensamientos y las palabras tienen el poder para crear las vivencias o sensaciones que deseemos, así como también aquellas que querramos evitar. De allí que sea tan importante educar y entrenar nuestra capacidad de dialogo con nosotros mismos.
El auto-diálogo puede servir para motivarnos (“dale que podés”), para enfocarnos (“no pierdas la marca”), darnos instrucciones técnicas (“no abras el codo al tirar”), para relajarnos (“tranquilo, falta mucho”) o para insultarnos cuando algo no sale y apelamos a tocar nuestra propia fibra o necesitamos una descarga gutural. Cada uno tiene su propia manera de comunicarse consigo mismo, pero ello no quiere decir que no existan varias cosas que uno pueda hacer para mejorar esta aptitud.
El primer paso es tratar de tomar conciencia de que tipos de cosas nos decimos mientras jugamos. Básicamente si nos alentamos cuando las cosas no nos salen bien o si nos convertimos en un juez implacable y exigente de esos que te sacan las ganas de estar en cancha. ¿Y qué pasa cuando las cosas van bien? ¿Mantenemos la calma o empezamos a darnos besos frente al espejo? Es común no prestar atención a nuestros patrones de auto diálogo, sencillamente porque son algo adquirido y establecido que opera casi automáticamente.
En segundo lugar, debemos tratar de identificar como nos afectan los pensamientos positivos y negativos que solemos tener en etapa de competencia o precompetencia, ya que gran parte de estos pensamientos (en especial los negativos) actúan como una profesía que, inconscientemente, termina llevándonos a actuar en dirección a ella.
Y el tercer paso consiste en, una vez identificados los diálogos o frases que nos sacan del eje sobre el que construimos nuestro mejor rendimiento, aprender a reemplazar esos diálogos o sentencias negativas por otras que nos ayuden a adoptar una perspectiva más positiva, que nos permita tomar el juego como un desafío en lugar de cómo algo imposible de afrontar. En esta tarea, es saludable evitar los absolutismos como “nunca” o “siempre”, cambiándolos por frases que nos dirijan hacia donde queremos llegar (“lo voy a sacar de la cancha con el saque”) o que nos den la tranquilidad (“vamos pelota por pelota”, “paso a paso” o “punto por punto”). Pensar en positivo sirve para escaparle a las sensaciones feas, que nunca son un buen aliado para el deporte, actividad en la que uno suele necesitar foco, creatividad, intensidad y un sinfín de aptitudes que van más con lo positivo y buena onda que con lo negativo.
Mejorar el dialogo consigo mismo es una herramienta importante en la preparación psicológica del deportista, al punto que puede ayudarnos a cambiar notablemente nuestro juego y, fundamentalmente, nuestra respuesta en situaciones difíciles. Obviamente, no es algo que se consiga de un momento para otro, y al igual que mejorar la efectividad desde la línea de foul, el cabezazo ofensivo, el smash o el bloqueo, requiere entrenamiento y esfuerzo.

lunes, 28 de junio de 2010

El Gol de Messi

¿Le pesa o no le pesa a Messi la sequia goleadora que está viviendo en el Mundial de Sudáfrica? Hmmmm…
“¿Viste como le cambió la cara?, ya no sonríe como en los primeros partidos, es evidente que le está pesando”, me decía un amigo, y seguramente, razón no le falta.
A todo goleador que se precie de tal le molesta no convertir. La pregunta por cuando viene el gol de Messi se hay ido convirtiendo casi casi en un clamor popular, y eso potencia el fastidio natural que podría tener el jugador por el trance que le toca vivir.
El “inconsciente colectivo” también juega su partido, aunque a decir verdad, acá de inconsciente tiene poco, ya que en un país como el nuestro, con 40 millones de técnicos, hay igual cantidad de opiniones en medio del concierto de declaraciones, titulares, informes periodísticos y vaya a saber uno cuantas cosas más, debatiendo o buscándole razones a los males que estarían aquejando al pobre Lio Messi, que más allá de estas elucubraciones, es quien tiene que salir a la cancha conviviendo con esto.
La respuesta, obviamente, es “si, le pesa”, porque es un ser humano y no está ajeno a todo lo que se genera en derredor suyo en un Mundial. El tema es ver cuánto le pesa y para ello es vital el apoyo que le puedan dar el grupo y el entrenador para ayudar a descomprimir esa presión que se va generando en su interior.
Afortunadamente, hasta ahora ni Maradona ni sus compañeros le han dado importancia a la sequia del “10”, y ese “ya la va a meter” con que todos responden a la consulta periodística sobre el tema es la mejor banca que puede tener Messi en esta situación que le toca vivir.
Es que el riesgo, en estos casos, es que el jugador se obsesione con el gol y eso lo lleve sin quererlo a anteponer su deseo de marcar a los intereses colectivos. El deseo de convertir da paso a la necesidad y esa necesidad se convierte en obsesión, lo que achica la mira del jugador, que deja de enfocar la cancha para pasar a mirar exclusivamente el arco, quedando demasiado expuesto al apresuramiento y el error.
Las recetas para salir airoso del trance pasan fundamentalmente por la contención, ya que sentirse contenido, apoyado, ayudará al jugador a sobrellevar el momento sin pasarse de rosca con la autopresión. Psicológicamente hablando, a ese apoyo se lo puede ayudar con algunos ejercicios de visualización, para contribuir a que el goleador con la pólvora mojada no se obsesione más de la cuenta y siga viendo la cancha completa. En definitiva, más allá de que sea lógico esperar que Messi haga un gol, también lo es que Messi puede aportarle al equipo mucho más que eso (y vaya si lo está haciendo). Incluso goleadores natos como Palermo suelen sufrir que, ante una situación similar de sequia (incluso más corta) las preguntas y cuestionamientos se enfoquen en la falta de gol desvalorizando el aporte que él puede hacer para sus compañeros arrastrando marcas, dando asistencias o incluso defendiendo. Lo mismo les pasa en el básquet a los tiradores y asi sucesivamente en todos los deportes en los que hay un anotador. “Es la ley del goleador”, dicen por ahí, y algo de eso hay, solo es cuestión de estar preparado para afrontar esos momentos y no dejar que una situación circunstancial como puede ser no meterla, nos saque completamente de nuestro eje.

martes, 22 de junio de 2010

Con Pilcha de Candidato

Se ha escrito mucho acerca del peso que trae consigo llevar la “pilcha de candidato”.
Cada competición tiene, incluso antes del arranque, sus favoritos, rotulo al que se suele llegar, a veces sin pretenderlo, por historia, potencial, poderío económico o lo que fuera.
Los poderosos suelen ser siempre candidatos, pero el rotulo no es más que un titulo sin valor real, que más de una vez suele jugar en contra de aquellos que tienen la desgracia de ostentarlo, por lo que en todos los deportes vemos incontable cantidad de “caballos de comisario” que se mancan incluso a poco de largar.
La “pilcha de candidato” pesa, y no todos tienen la percha para llevarla con la prestancia necesaria para que no se noten los dobleces o arrugas que suele producir el tránsito por el camino hacia el título. Entonces…

Hay “candidatos” a los que no les pesa el rotulo y transitan por la competición sin problemas disfrutando de su condición de tales; otros que se hacen cargo de la situación y arrancan con paso firme en el torneo, pero ante el primer tropiezo empiezan a dudar y terminan desbarrancándose; y también están aquellos que ni siquiera consiguen empezar a recorrer el camino, porque el peso que llevan en la espalda no los deja avanzar.

Y más allá de que haya muchos equipos que lleven adelante su derrotero como los del primer grupo, lo cierto es que no suele ser fácil ser “candidato”.
Para evitar desbarrancarse ante el primer tropiezo o impedir que el peso no nos deje avanzar, lo primero que hay que conseguir es que el equipo tenga claro cual es el objetivo final, cual es el punto de partida y como debería ser su camino hacia la meta, teniendo en cuenta en este apartado que la ruta puede llegar a presentar obstáculos, pozos y desvíos que tenemos que estar preparados para sortear.
La euforia que suele rodear a los “candidatos” es generalmente el primer obstáculo que aparece en el camino. La pasión del hinchas (los dirigentes lo son en escencia) no suele medir correctamente algunas situaciones, y una sola derrota puede llevarlo casi sin escalas del calificativo de “maquina” al de “desastre”, poniéndolo ante una disyuntiva que suele ser decisiva para el grupo, ya que gran parte de su suerte dependerá de cómo salga de este trance.
Un equipo que se deja llevar por el exitismo generalizado y acepta que se puede pasar de “maquina” a “desastre” sin escalas está en problemas, porque ello hablará de la fragilidad de sus convicciones. Y generalmente, las convicciones son frágiles cuando a la hora de imaginar el camino hacia la meta, omitimos incluir los obstáculos, pozos y desvíos que se nos podrían presentar, porque la vida no es un lecho de rosas, ¿no?
Si planificamos el camino sin triunfalismos, basándonos en perspectivas reales, vamos a estar preparados para afrontar esos sobresaltos de manera tal que nos permitan salir fortalecidos. A veces, una derrota en un momento oportuno opera como llamador para volver a la realidad y retomar la senda del éxito mejor plantados. Otras el peso específico del equipo nos pone de una en la final, donde nos encontramos por primera vez cara a cara con esos temores inconscientes que pueden atentar contra las posibilidades de desarrollar todo nuestro potencial en la definición.
¿Cómo evitarlo? No hay recetas mágicas. Los grandes equipos que han llegado a la meta han ostentado dos virtudes clave: Un grupo bien cohesionado en pos del objetivo y tener los pies sobre la tierra, dos herramientas vitales para afrontar todos los avatares que pudieran presentarse en el camino.

lunes, 14 de junio de 2010

"Es un Pecho Frio"

Pecho Frío: “Dícese de aquel jugador/a que en los momentos calientes rinde muy por debajo de sus posibilidades”. Traducido al ácido código tribunero, podríamos agregar “dícese de aquel jugador/a que se esconde en las difíciles”.
La esencia pasional de la actividad deportiva suele ir de la mano de sentencias y definiciones cargadas de extremismo, que llevan a hinchas y protagonistas a lanzar sin filtro ni medidas frases tan lapidarias como hirientes ante situaciones que, en más de una ocasión, seguramente tienen una lectura más profunda.
Es cierto que hay jugadores más viscerales que se entonan cuando la parada es brava, que se motivan y se ponen especialmente en foco en los momentos calientes o decisivos. Y asi como están esos a los que no les tiembla el pulso, también solemos ver otros que parecen cohibirse, esconderse, dudar o rendir menos cuando las pulsaciones y la adrenalina copan la parada. Es, para el común de la gente y traducido en términos sencillos, una predisposición natural (temperamento, personalidad) que unos traen de fábrica y otros no.
El entrenador / formador suele recibir jugadores con temperamento o personalidad, y como no todos tienen las herramientas o conocimientos necesarios, son pocos los que logran producir cambios en ese rubro. Es lógico, el DT está para enseñar a jugar, y no necesariamente debe tener capacidad para producir cambios en la personalidad del jugador.
A esta altura ya te estarás preguntando: ¿Qué es eso de producir cambios en la personalidad? ¿no era una predisposición natural? Si, es una predisposición natural, pero también se puede trabajar para calentar a un jugador frio o para enfriar a un jugador excesivamente caliente. Todo pasa por la mentalización.
Ejemplos hay y de sobra. Jugadores con temperamento, capacidad y personalidad que en el momento difícil toman una decisión equivocada. El cabezazo de Zidane a Materazzi es un ejemplo clarísimo. ¿O alguien puede pensar que a Zizou se le enfrió el pecho? No señor… En términos más científicos que futboleros, a Zidane lo desbordó la presión del momento (estaba jugando una final del mundo y al mismo tiempo su último partido en un Mundial, entre otras cosas), y como ser humano que es, un desborde emocional lo llevó a tener una reacción impropia de él. Jugadores que la rompen en todo el campeonato, pero bajan considerablemente su rendimiento en las finales, y esto no tiene que ver específicamente con poner la patita o evitar el roce. A Carlos Tevez, jugador del que nadie en el mundo se animaría a dudar de su temperamento, lo desbordaron sus ganas y por poner la pierna con excesiva vehemencia se ganó la roja innecesariamente en las ultimas Eliminatorias.
Jugadores que vienen jugando en gran nivel, tienen un partido para el olvido el día que los vino a ver un agente o representante listo para sellar una gran transferencia, o el entrenador de la Selección Nacional que venía siguiendo sus actuaciones.
Equipos que planean estrategias y fallan justo en la ultima puntada… Ejemplos, ejemplos y más ejemplos. En todos los casos, podría pasarme horas poniendo casos puntuales de cada uno de ellos. Pero te dejo que hagas vos tu propio ejercicio buscándolos en tu vida deportiva o en historia pasada o reciente.
En todos los casos, hay solución. La presión que genera un acontecimiento importante se puede manejar. Lo hacemos a diario con muchísimas situaciones de la vida sin darnos cuenta, y también podemos hacerlo en nuestra vida deportiva. El mensaje que baja desde la Cabeza del Grupo (entrenadores, dirigentes) es clave, porque a partir de allí empieza a hacer funcionar su maquinaria el “inconsciente colectivo”, pero también se puede trabajar individualmente para hacer que esos momentos no sean una carga pesada que nos lleve a sentir malestares físicos o psíquicos que nos lleven el desborde emocional, a perder la claridad conceptual, o a que se nos vaya la pierna o se nos encoja el brazo a la hora de hacer un tiro decisivo.